martes, 27 de enero de 2015

“La complicidad entre las redes de tráfico de migrantes y la policía mexicana es palmaria”

Entrevista a Ana Elena Barrios, activista social en la frontera entre México y Guatemala


Rebelión
Enric Llopis
Lunes 26 de Enero 2015
De las aproximadamente 400.000 personas de procedencia centroamericana que anualmente cruzan la frontera sur de México, rumbo a Estados Unidos, sólo un 10% llegan a la frontera norte mexicana. “Por eso decimos que en realidad México entero es un muro vertical y que retiene personas de las formas más violentas”, afirma Ana Elena Barrios, activista social en Chiapas, estado mexicano que linda con Guatemala. En esta zona fronteriza, añade, hay una “evidente colusión entre las redes de tráfico, extorsión y secuestro de migrantes con las propias autoridades migratorias y la policía”. En diciembre de 2014 el delegado del Instituto Nacional de Migraciones en Chiapas suspendió a 1.600 agentes de migración. También en diciembre, los diarios informaron de la detención de tres policías por homicidio de un migrante guatemalteco.

Especializada en psicología social e intercultural y violencias políticas, Ana Elena Barrios ha trabajado nueve años con personas migrantes. Primero como voluntaria en la Casa del Migrante en Ciudad Juárez (frontera norte de México). Después durante dos años en Francia, proporcionando atención psicológica a solicitantes de asilo y refugiados. La activista trabaja desde hace seis años en Chiapas con comunidades campesinas e indígenas de origen migrante. En la organización civil ENLACE Comunicación y Capacitación, realiza trabajo psicosocial con colectivos de mujeres y grupos de jóvenes que trabajan por el derecho a no migrar. Además, de la mano de la organización Voces Mesoamericanas Acción con Pueblos Migrantes desarrolla trabajo psicosocial con familiares de migrantes desaparecidos. La investigación constituye otra vertiente de su labor solidaria. En 2009 publicó “Sur, inicio de un camino”, resultado de un año de trabajo con una compañera después de adentrarse en diferentes puntos de la frontera. El libro es un diagnóstico de la situación de las personas migrantes en la frontera sur de México, en su triple condición de origen, tránsito y destino de migrantes.

-Chiapas, región en la que desarrollas tu trabajo social, constituye un importante lugar de paso fronterizo para la migración centroamericana (sobre todo de Guatemala, El Salvador y Honduras) que se dirige a Estados Unidos. ¿Cuál es la realidad cotidiana en los casi 1.000 kilómetros de frontera que separan México de Guatemala?

Movimiento intensísimo de personas, también de mercancías, legales y sobre todo ilegales, fuentes de negocios multimillonarios. Aunque es muy difícil tener cifras precisas en el tema de migración (especialmente la irregular), estimamos que cada año son 400.000 las personas centroamericanas que cruzan la frontera sur de México con intenciones en su mayoría de llegar a Estados Unidos. Son personas que en su mayoría huyen de la violencia y pobreza en sus países; son hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños quienes viajan, a veces solos, a veces en pareja o familia, a veces van con un “pollero” (traficante de personas).

La realidad de esos 1.000 kilómetros es una diversidad de puntos de cruce, que marcan también rutas de paso. Si bien existen algunas rutas predominantes, determinadas por el acceso al tren de carga que sirve de transporte a las y los migrantes, hay muchas otras rutas, que son menos visibles pero también intensas en términos de flujo de personas y de situaciones críticas.

Este movimiento intenso de personas está marcado por la creciente presencia de cuerpos policiacos, puestos de control migratorio y una diversidad de grupos delincuenciales. La mera línea fronteriza es en realidad bastante porosa, se puede cruzar con bastante facilidad; el control y persecución empieza más adelante, en las carreteras y los puntos importantes de paso; y esta dinámica de controles, detenciones y agresiones, no sólo es a manos de autoridades, sino también y sobre todo del crimen organizado (en la mayoría de los casos con anuencia de las autoridades). Este fenómeno no ocurre sólo en el sur del país, sino que se extiende a lo largo del territorio. De las 400,000 personas que entran por la frontera sur, se estima que sólo un 10% logra llegar hasta la frontera norte… por eso decimos que en realidad México entero es una frontera, que funge como muro vertical que retiene personas de las formas más violentas.

-¿En qué contexto socioeconómico se producen los hechos que señalas?

Paralelamente y ligado a este elemento de la activación creciente de cuerpos de seguridad en la región fronteriza, no debemos olvidar que Chiapas es una de las regiones de México (incluso, del continente) con mayor concentración de recursos estratégicos (agua, minerales, petróleo, maderas preciosas…). Este elemento es clave para entender el reciente abordaje de las acciones gubernamentales. A mediados del año pasado se inició el llamado “Plan para el desarrollo de la frontera sur”; se creó de la nada, es decir, no hay una política pública, ni un marco jurídico verificable que lo respalden. Tiene un enfoque de seguridad nacional, que ha dictado una mayor presencia de ejército, marina, y un cuerpo policiaco de reciente creación: la “Gendarmería Nacional”.

El responsable de dicho programa, mantiene un discurso desarrollista, habla de la entrada de distintos megaproyectos para esta “región olvidada”; estamos en la línea de las reformas constitucionales recientes que abren el acceso y disponibilidad total del territorio para las empresas transnacionales, especialmente la industria extractiva, lo que significará despojo territorial y desplazamiento forzado de poblaciones. Es decir, que con estas acciones de militarización se logra un doble control: de los flujos migratorios y también mayor control de la población, especialmente la que se organiza para defender su tierra y territorio.

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http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194726