EL SOCIALISTA 389

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miércoles, 14 de enero de 2015

México. Si no disparó a los padres el Ejército fue porque su movimiento “tiene gran legitimidad”, dice Jacobo Silva en Ayotzinapa

*El comandante Antonio presentó ayer su libro sobre Lucio Cabañas en la Normal Rural. Considera que las condiciones que propiciaron el surgimiento de la guerrilla en los 70 son las mismas que en la actualidad



El Sur
periódico de Guerrero
Lourdes Chávez
Miercoles 14 de Enero 2015
Ayotzinapa, Tixtla
El ex guerrillero Jacobo Silva Nogales, ex comandante Antonio del Ejercito Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), consideró que fueron muy arriesgadas y valientes las protestas de este lunes en los cuarteles, porque el Estado es represor, y si no respondió con disparos es porque el movimiento por la presentación con vida de los 43 normalistas detenidos-desaparecidos en Iguala, tiene gran legitimidad.
“El Estado sabe que ahora no puede reprimir con la violencia, pero tiene memoria, tiene maldad, estrategas que piensan y los asesoran; tiene criminales ahí adentro, que estudian para eso, entonces es riesgoso pero que hay que asumir riesgos, y con esto se muestra que en el pueblo hay disposición y está perdiendo el miedo a lo verde (a los soldados)”.

En la presentación de su libro Lucio Cabañas y la guerra de los pobres, en la Normal Rural de Ayotzinapa, el luchador que tras 10 años en prisión continua en la lucha por el cambio, ahora en la legalidad, recordó que la masacre del 18 de mayo de 1967 en Atoyac legitimó el levantamiento armado de los años 70.

Señaló que tras la masacre, Lucio Cabañas salió corriendo del poblado, pero regresó en la noche y, en asamblea, la gente planteó que bajaran de la Sierra a tomar el cuartel de Atoyac, y luego, a ajusticiar a los caciques, porque se demostró “descarnadamente de lo que es capaz el Estado”, así como en los crímenes del 26 de septiembre del año pasado, cuando policías uniformados asesinaron y desaparecieron a estudiantes, no un grupo criminal como quisieron decir en un primer momento.
Opinó que son muy parecidas las condiciones de la época de Lucio con las de ahora, la pobreza, el abuso y la permanencia de todos los mecanismos de dominación, “el Ejército sigue ocupando el mismo papel, y me he atrevido a decir que es el principal grupo delictivo del país, no le ganan ningún otro, está en todos”.

Destacó la dignidad de los padres de los desaparecidos, que han persistido en la lucha, sin ceder a las presiones del Estado que pide que se resigne, o como dijo el presidente Enrique Peña Nieto, “que lo superen”. Indicó que han actuado dignamente exigiendo la presentación con vida de sus hijos.

Coincidió con las voces que señalan la responsabilidad del Ejército en los ataques a estudiantes en Iguala, porque siempre, “lueguito de una balacera, los primeros en aparecer son los soldados; no es que no se haya enterado (del ataques de policías y sicarios contra los normalistas), se enteró y fue un acuerdo no intervenir para dejar manos libre a los otros elementos del Estado”.

Consideró que en esta lucha, Lucio es un referente histórico para los guerrerenses, y la mayor parte de su ideario sigue vigente.

Destacó que Cabañas se formó políticamente en la Normal Rural de Ayotzinapa, y hace más de 40 años fue capaz de dirigir a un Ejercito y gran parte de la población de la zona, pero ahora, si la población no tiene esta formación, el movimiento puede diluirse en poco tiempo.

En prisión
Precisó que tuvo “la fortuna” de confirmar por sí mismo todo lo que denunció antes de ser desaparecido y cuando llegó a prisión, pero que no desistió, por el contrario, ratificó su convicción de luchar por un cambio. Precisó que hoy hace talleres de formación política y escribe libros.

“En la cárcel conocí a un militar que formaba parte de la comisión que iba a tirar gente al mar (en helicópteros durante la mal llamada guerra sucia), me platicó con lujo de detalles cómo pasaba todo, me decía que arrojó como 100 o 120”, pero había más pilotos que hacían lo mismo.

También supo de un militar inflitrado en Ayotzinapa, en los años 70, que entregó y desapareció a estudiantes, “y puedo decir que el Ejército es criminal, y con lo que sucede ahora me reafirma que sigue igual”.

En contraparte, señaló que la población sigue demostrando que sabe indignarse, y si siente miedo, lo puede vencer; “si la superioridad de las fuerzas es muy grande, puede aguantar, pero esta viendo lo que ocurre… es muy parecido, como ha sido siempre, hay masacre, desaparición, abuso del poder, pero también hay lucha y, como dice una frase en Ayotzi, el pueblo tiene la última palabra”.

Cuando se le preguntó si la lucha armada sigue siendo una opción, concedió que para muchos lo es, tan es así que hay grupos sublevados, y ante las injusticias otros pueden llegar a la misma conclusión, “no es porque haya un trabajo de convencimiento, hay quien dice que el mejor detonador para la guerrilla es el Estado, porque con su represión y sus masacres convence”.

Cuando se le cuestionó sobre el tiempo que le llevó recuperarse emocionalmente de la desaparición forzada y detención, consideró que no hubo tiempo para la transición, fue inmediato, porque en ningún momento perdió la convicción de que la lucha es necesaria.

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