miércoles, 18 de febrero de 2015

México. El teatro de dos criminales: la señora Wallace y Dulce Rubí


Los Angeles Press
Guadalupe Lizarraga
17 de febrero del 2015
Mientras el poder en México acaba de definir su nueva forma disimulada de dictadura, asaltan el espacio mediático los personajes más disímbolos con vocación de criminal. Pero no surgen de manera aislada, los une el mismo Estado fallido, las instituciones corrompidas, la red gubernamental de narcotráfico y trata de personas. Dos de estos personajes son Isabel Miranda Torres, alias la “señora Wallace” y Dulce Rubí Burgos Pérez, una de las jóvenes compensadas por acusar de secuestro a la líder comunitaria de Olinalá, Guerrero, Nestora Salgado.

Isabel Miranda, impaciente por consolidar sus aspiraciones políticas, no le basta haber cometido las acciones más aberrantes que puede cometer una madre, como simular el secuestro y homicidio de su hijo, para obtener beneficio político. Desde hace diez años, lucha por mantenerse en el escenario partidista a costa de la libertad de personas inocentes y da escandalosas conferencias de prensa con información falaz en su desesperada acción por conservar algo de credibilidad.

Miranda Torres, a costa de mentir y corromper a jueces, pagar a agentes ministeriales torturadores, falsificar documentos oficiales, alterar evidencias, cometer perjurio, agredir a los familiares de las verdaderas víctimas, entre otros delitos, ha construido el teatro del crimen contra su hijo Hugo Alerto Wallace Miranda. Un teatro que estrena escuela. Ahora, se dedica a enseñar cómo simular ser una víctima, cómo mentir a los medios y a las autoridades, cómo llorar a la menor provocación ante la cámara de un periodista. La señora Wallace se prendió del caso de Nestora Salgado como una garrapata que chupa la sangre de un perro, para revivir políticamente ante el descrédito de su falso caso. Y encontró una alumna perfecta para ello: Dulce Rubí Burgos Pérez.

En el expediente judicial número 142/2013-II fabricado por el exprocurador de la PGJE de Guerrero, Iñaki Blanco, (por cierto funcionario denunciado por recibir dinero del narcotráfico, testigo de cargo de Miranda en el falso secuestro de su hijo y retirado del cargo por el caso Ayotzinapa), la joven Dulce Rubí aparece como una menor de edad de 17 años y su madre Petra Pérez narra una historia que contradice a la que había dado su propia hija a la Policía comunitaria. Según la madre, su hija mayor Lucero Burgos Pérez “le comentó el 10 de junio de 2013, aproximadamente a las 16 horas, que Nestora Salgado se llevó a su hermana de nombre Dulce Rubí Burgos Pérez junto con su amiga que responde al nombre de Yesenia Castillo Meza”.

La madre deja asentado en el expediente que a las 18 horas de ese mismo 10 de junio, se dirigió con su hija Lucero “a la casa de Nestora para preguntarle por su hija Dulce Rubí, y que Nestora le había respondido que su hija ya había sido trasladada a rehabilitación”, y enfatiza: “sin decirme a dónde, y como su hija es menor de edad tenía que haberme consultado”.

Las palabras de la madre contrastan con las del comandante regional de la Policía comunitaria de Olinalá Jesús Coronel Díaz, quien en entrevista para Los Ángeles Press, el pasado 14 de noviembre de 2013, sostuvo que él personalmente atendió a dos de las madres de las jóvenes que ahora acusan a Nestora. Fue el 9 de junio, en la mañana, cuando acudieron en su ayuda las señoras Mariza Meza Castro y Susana Baltazar Sosa por la supuesta desaparición de sus hijas Yesenia Castillo Baltazar y Betzabé Rubí Baltazar. Estas jóvenes, junto con Dulce Rubí, llevaban tres días fuera del hogar familiar y fueron ubicadas en Huamuxtitlán por la tía de Yesenia, el 10 de junio, y la Policía comunitaria intervino para entregarlas a sus madres, según la declaración de Coronel Díaz, quien confirmó que durante ese tiempo las jóvenes estuvieron embriagándose y drogándose con personas que estaban identificadas como miembros de la delincuencia organizada.

Las madres, una vez con sus hijas, pidieron que les ayudaran a reeducarlas de acuerdo al sistema normativo de la comunidad. Y Coronel Díaz explicó que lo pidieron porque “las jóvenes ya habían rebasado la autoridad de sus padres, llegaban a casa bien borrachas, bien drogadas, y hacían muchas cosas que ciudadanos de esas características no deberían andar haciendo, pero fueron detenidas precisamente porque sus madres nos pidieron que interviniéramos, incluso ya andaban delinquiendo con los mismos muchachos aquí en la comunidad”.

A cada uno de los jóvenes involucrados en los hechos se les pidió su declaración por escrito y firmada, y entre los testigos estuvieron presentes las madres, Nestora Salgado como coordinadora, el secretario del Consejo Social Olinalteco Miguel Zapoteco Bergara y el comandante regional Jesús Coronel Díaz. Todas las declaraciones coinciden con las palabras de Coronel Díaz, e incluso con la declaración de Dulce Rubí Burgos Pérez, escrita el mismo 10 de junio de 2013, a las 13:20 horas. En ese momento, la joven delincuente sostuvo ante estos testigos, haberse ido de su casa “porque tuvo unos problemas con sus papás” y estuvo bebiendo y durmiendo con amigos durante tres días seguidos. Y continúa:

“Me fui a vivir con María Isabel. El jueves nos encontramos con la Marucha, él nos prestó una colchoneta para dormir. A otro día ya no supe nada de él. El viernes yo fui a casa de Paco para invitarlo a Tulcingo y él aceptó, después nos venimos con Toño a tomarnos unas micheladas, después nos encontramos con Miguel. Yesenia nos invita a Tulcingo, fuimos a echar gasolina y después nos fuimos a casa a tomar unas botellas y nos acostamos a dormir, y a otro día seguimos tomando. El día de hoy decidimos venirnos a Huamuxtitlán, pero pensábamos regresar a Tulcingo, pero nos encontramos con la tía de Yesenia y nos venimos.
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Sin embargo, la historia de la hija fue cambiada a iniciativa del exprocurador Iñaki Blanco, con el fin de acusar sólo a Nestora, dejando fuera del reflector judicial al secretario del Consejo Social Olinalteco y al comandante regional. Junto a esa falsa denuncia se agregó la de los otros jóvenes, y unas 40 más, con la participación del exprocurador de Atención a víctimas de secuestro en Guerrero, un funcionario de larga trayectoria criminal en el Distrito Federal, Ricardo Martínez Chávez.

Es en esta escena donde la cómplice de Iñaki, la señora Wallace, encuentra la oportunidad de salir en los medios y obtener algunas prebendas más para su organización Alto al secuestro, tan desacreditada como ella. Es en este capítulo de la pesadilla de Nestora Salgado, donde una criminal impune como Isabel Miranda Torres –con seis denuncias ratificadas por una docena de delitos graves, entre éstos tortura y falsas declaraciones a autoridades–, entrena a la joven olinalteca Dulce Rubí a mostrarse vulnerable ante las cámaras y fingir que su vida estuvo en peligro por el trato “infrahumano” que recibió en su detención supuestamente ilegal por parte de la Policía comunitaria.

El sistema de justicia criminal y civil en México es uno de los peores del mundo, según la investigación del Proyecto Mundial de Justicia. Ocupa el lugar 91, entre 97 países que participaron en la investigación; y el número 74 en corrupción de funcionarios judiciales. Si fuera un estado garante de la justicia, la señora Wallace estaría en la cárcel desde hace varios años cumpliendo una condena por simular el secuestro y homicidio de su hijo y fabricar culpables. Y sus víctimas no hubiesen sido torturadas ni encarceladas. Pero también, la madre de Dulce Rubí, Petra Pérez, estaría enfrentando un juicio por mentir a autoridades y participar con funcionarios corruptos en la fabricación de culpables. Dulce Rubí habría sido detenida y procesada por el uso de drogas ilegales, además por los mismos cargos que su madre, en tanto Nestora ya habría salido liberada desde el 31 de marzo de 2014, cuando fue exonerada de cargos por el Juzgado federal.

En cambio, lo que tenemos es el teatro de dos criminales. El de la señora Wallace y de su pupila. Esta joven de 19 años, delincuente desde los 17, que normalmente usa droga y alcohol para su entretenimiento, sin estudios formales y que ha rebasado la autoridad de sus padres, ya tiene claro que mentir en México produce beneficios. Que las autoridades mienten, delinquen y se corrompen y son premiadas, que las señoras Wallaces, se vuelven “importantes” por sus crímenes y ganan dinero al mentir frente a los medios, y que ella y su familia pueden salir de la pobreza en la que se encuentran haciendo lo mismo. Los primeros pasos ya están dados, y los dio su madre. Las escenas se van creando de acuerdo al odio y los intereses políticos movidos contra Nestora Salgado. Mañana será otra víctima. Sólo es alinearse en la fila para entrar a la fábrica de criminales que es el sistema judicial mexicano.

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