EL SOCIALISTA 389

sábado, 10 de octubre de 2015

Bakunin básico

Introducción
Este panfleto examinará las ideas anarquistas de Mikhail Bakunin. A pesar de haber sido a menudo injuriadas, distorsionadas o ignoradas desde entonces, estas ideas fueron una inmensa influencia para el movimiento socialista del siglo 19. Al leer este panfleto, esperamos que se haga aparente que Bakunin tiene mucho que ofrecernos hoy, que sus ideas constituyen un cuerpo de pensamiento coherente y bien argumentado, y que demuestren que hay buenas razones para que sea descrito como el abuelo del anarquismo moderno.

Bakunin sostuvo perspectivas que son correctamente rechazadas en el movimiento anarquista moderno, como el nacionalismo eslavo de izquierda en su juventud y el anti-semitismo que cargó por toda su vida, pero podemos simultáneamente criticar aquellos aspectos negativos de su carácter y aún recurrir a aquellas ideas que sí se erigen ante el escrutinio.

Esta edición está dedicada a Colin Parker, uno de los miembros fundadores de la Federación Anarquista Comunista (más tarde la Federación Anarquista) quien bosquejó la primera edición y ha provisto de invaluables consideración a cada revisión, ayudando a mantener viva la llama revolucionaria.

Traducción al castellano por @rebeldealegre basada en la cuarta edición de 2014 escrita originalmente en inglés por la Anarchist Federation.



PORTAL LIBERTARIO OACA
Publicado: Viernes, 09 Octubre 2015
Clase
Bakunin veía la revolución en términos del derrocamiento de una clase opresora por otra clase oprimida y la destrucción del poder político como se expresa en el estado y la jerarquía social. De acuerdo a Bakunin, la sociedad se divide en dos clases principales que están fundamentalmente opuestas una con la otra. La clase oprimida, que él describe diversamente como los plebeyos, el pueblo, las masas o los trabajadores, conforma una gran mayoría de la población. Bajo condiciones usuales ésta no es consciente de sí misma como clase, aunque posee un instinto para la revuelta y pese a que no esté organizada, está llena de vitalidad. La numéricamente mucho más pequeña clase opresora sin embargo es consciente de su rol y mantiene su predominancia actuando de modo resuelto, concertado y unido.

Las diferencias básicas entre las dos clases, mantuvo Bakunin, yacen en la propiedad y el control de la propiedad, que está desproporcionadamente en manos de la clase minoritaria de los capitalistas. Las masas, por otra parte, tienen poco que llamar propio más que su habilidad para trabajar.

Identifica correctamente que la riqueza es generada por el pueblo trabajador pero que se nos niega los frutos de nuestra labor.

"Dado que el trabajo, que es la producción de riqueza, es colectiva, ¿no parecería lógico que el disfrute de esta riqueza deba también ser colectiva?"[1]
Bakunin fue lo suficientemente astuto como para comprender que las diferencias entre las dos clases principales no siempre son tan claras. Señaló que no es posible dibujar una línea dura entre las dos clases, aunque, como en la mayoría de las cosas, las diferencias sean más aparentes en los extremos. Entre estos extremos de riqueza y poder hay una jerarquía de estratos sociales que puede ser evaluada de acuerdo al grado en que se explotan unos con otros o son explotados ellos mismos. Mientras más lejos de los trabajadores está un grupo dado, más probable es que sea parte de la categoría explotadora y menos sufre de la explotación. Entre las dos clases principales hay una clase media o clases medias que son tanto explotadoras como explotadas, dependiendo de su posición en la jerarquía social.

En contraste con las ideas de Marx respecto a que el proletariado urbano es la fuerza revolucionaria principal en la sociedad, Bakunin en vez consideró a ambos, trabajadores urbanos y rurales juntos como las masas más explotadas, y que forman, en la visión de Bakunin, la gran clase revolucionaria y que es la única que puede barrer con el sistema económico presente. Desafortunadamente, la realidad de la explotación y su pobreza resultante no son en sí mismas garantía de la revolución. La pobreza extrema, pensaba Bakunin, es probable que conduzca a la resignación si el pueblo no puede ver alternativa alguna posible al orden existente. Quizás, si llegan a grandes profundidades de desesperación, los pobres se alzarán en una revuelta. Las revueltas sin embargo tienden a ser locales y por lo tanto, fáciles de revocar. En la visión de Bakunin, tres condiciones son necesarias para ocasionar una revolución popular. Estas son:

Odio puro por las condiciones en que se encuentran las masas
La creencia en que el cambio es una alternativa posible
Una visión clara de la sociedad que deba construirse para concretar la emancipación humana
Sin la presencia de estos tres factores, más una autoorganización unida y eficiente, ninguna liberación posible puede venir de una revolución.

Bakunin no tenía dudas de que la revolución debe necesariamente involucrar la destrucción para crear las bases de la nueva sociedad. Señaló que, muy simple, revolución significa nada menos que guerra, es decir la destrucción física de personas y de propiedad. Las revoluciones espontáneas involucran, a menudo, la vasta destrucción de la propiedad. Bakunin notó que cuando las circunstancias lo demanden, los trabajadores destruirían hasta sus propias casas, que más a menudo que no, no les pertenecen. La pulsión negativa, destructiva, es absolutamente necesaria, afirmó, para barrer el pasado. La destrucción está cercanamente ligada con la construcción dado que“mientras más vivido es visualizado el futuro, mas poderosa es la fuerza de la destrucción.”[2]

Dada la cercana relación entre la concentración de riqueza y poder en las sociedades capitalistas, no es sorpresa que Bakunin considere los asuntos económicos como de importancia primordial. Es en el contexto de la lucha entre el trabajo y el capital que Bakunin le dio gran importancia a las huelgas de los trabajadores. Las huelgas, creía él, tienen un número de funciones importantes en la lucha contra el capitalismo. Son necesarias como catalizadores para arrancar a los trabajadores de su fácil aceptación del capitalismo; les sacude de su condición de resignación. Las huelgas, como una forma de batalla económica y política, requieren de unidad para tener éxito, uniendo así a los trabajadores.

Durante las huelgas, hay una polarización entre empleadores y trabajadores. Esto hace a los últimos más receptivos a la propaganda revolucionaria y destruye el deseo de hacer concesiones y buscar acuerdos. Bakunin pensaba que a medida que la lucha entre el trabajo y el capital aumenta, así también lo hará la intensidad y número de huelgas. La huelga definitiva es la huelga general. Una huelga general revolucionaria, en la que los trabajadores con consciencia de clase estén infundidos de ideas anarquistas conducirá, pensaba Bakunin, a la explosión final que ocasionará la sociedad anarquista.

“Las huelgas despiertan, en las masas del pueblo, todos los instintos socialistas-revolucionarios que residen en lo profundo del corazón de todo trabajador ... [y] cuando aquellos instintos, agitados por la lucha económica, despierten en las masas de trabajadores, que se levantan de su propio sueño, entonces la propagación de la idea socialista-revolucionaria se vuelve bastante fácil”.[3]

Las ideas de Bakunin son revolucionarias en el más completo sentido, ocupándose de la destrucción de la explotación económica y la dominación social/política y su reemplazo por un sistema de organización social que esté basado en la solidaridad y el apoyo mutuo. Bakunin ofreció una crítica al capitalismo (en el que la autoridad y la desigualdad económica van de la mano), y al socialismo de estado (que es unilateral en su concentración en los factores económicos mientras que desestima burdamente los peligros de la autoridad social).


ver más:
http://www.portaloaca.com/pensamiento-libertario/textos-sobre-anarquismo/10942-bakunin-basico.html

http://es.theanarchistlibrary.org/library/anarchist-federation-bakunin-basico