miércoles, 21 de octubre de 2015

México. Asalto al domicilio de reporteras de Contralínea, ataque de la mano negra gubernamental



Revista Contralínea
18. octubre, 2015 Autor: Álvaro Cepeda Neri 
Para sabotear, es decir, entorpecer el trabajo periodístico de Contralínea, nuevamente la mano negra de funcionarios a izquierda, centro y derecha de los gobiernos defeño, estatales y federal, con sus métodos policiacos, a la luz del día y/o nocturnos, con base en el espionaje, violan los domicilios, ahora de las reporteras Elva Mendoza y Flor Goche, únicamente para robar el material de investigación periodística. No es, pues, la primera vez que nuestro medio de prensa escrita es víctima de esa delincuencia, que sirve al abuso del poder administrativo-político para conseguir documentación que –reconstruyéndola– de todos modos se publica; pero que los gobernantes quieren enterarse de antemano recurriendo a ese atentando anticonstitucional que, llevado a cabo cobardemente, evitan la denuncia penal y la sanción a su conducta, semejante a los actos de la delincuencia organizada.

El hecho fue ejecutado por órdenes “superiores” de funcionarios mayores o menores para hacerse de información virgen y entregarla en sus reportes a sus jefes para dárselas de estar al día de lo que, contra viento y marea de esos topos del terrorismo, ejerce el periodismo de investigación.

Ya Contralínea ha sido objeto de esas irrupciones a su domicilio y al de sus reporteros, sobre cuya labor de investigación informativa descansa su columna vertebral, para mantener del conocimiento público temas sociales, económicos, políticos y culturales, e incluso sobre temas que los gobernantes consideran prohibidos, intocables; pero que con todo su derecho buscan información y la publican para compartirla a los lectores, por escrito y por las redes de comunicación digital (Manuel Castells, Redes de indignación y esperanza, Alianza editorial).

La intromisión a la vivienda de Flor Goche y Elva Mendoza, tan a la canalla, obviamente es para intimidarlas, advirtiéndoles que cancelen la agenda de los temas que ocultan los gobernantes; y que esas dos reporteras sirvan de ejemplo para que todos los demás desistan de las tareas que les encomienda la revista Contralínea. O todo aquello que, sobre la marcha de sus investigaciones pe-rio-dís-ti-cas, ha de interesar a la opinión pública, individual y colectiva de la sociedad civil, para que tome conocimiento de los hechos que esconden o no quieren que se ventilen.

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