lunes, 13 de junio de 2016

Chiapas, México. 30 días de resistencia magisterial

                                                                             Foto: Francisco López Velásquez.

CHIAPAS PARALELO
Por Sarelly Martínez Mendoza
13 junio, 2016
Después de 30 días de resistencia, el movimiento magisterial entra en la etapa más difícil, por el cansancio de sus integrantes, y por las presiones gubernamentales, que tenderán a ser más violentas.

Aurelio Nuño, secretario de Educación, sigue en la creencia de que el movimiento en Chiapas se disolverá con más gases lacrimógenos, toletes y golpes de la Policía Federal, pero se equivoca.

El movimiento magisterial está enraizado en los maestros y maestras. Es parte de su ADN, y no tiene copada la Secretaría de Educación, como sucedía en Oaxaca.

Aquí, el magisterio tiene una identidad con el ala rebelde del sindicalismo del profesorado. Disolver esa relación de confianza entre CNTE y maestros será muy diferente, y la violencia solo puede acarrear mayor radicalización y simpatía social, que como nunca, hemos visto que cosecha el movimiento.

El gobernador Manuel Velasco Coello sabe que una salida violenta desestabilizará más a su gobierno, y por eso contiene y retiene los deseos impetuosos del centro para despedir, golpear y encarcelar a maestros.

¿Por qué no se ha despedido a ningún profesor o profesora de Chiapas?

Primero, porque no hay director ni subdirector que comulgue con la Reforma Educativa y de paso atente contra sus compañeros de oficio arrojándolos al desempleo. Y segundo, porque aunque el director jurídico de la Secretaría de Educación, podría levantar actas de abandono de empleo, tampoco se avienta esa irresponsabilidad Sonia Rincón.

La medida, por la que tanto clama Nuño, de despedir a los que para él son los maestros “rijosos” e “irresponsables”, se quedará en mero sueño, como su sueño de convertirse en presidente de la república.

La Reforma Educativa, que no fue consultada y que atenta contra los derechos ganados por maestros y maestras, no será aplicada en Chiapas, porque para el magisterio y sus dirigentes no hay y no debe haber camino de retorno, aun cuando sufran la presión del ciclo escolar y la represión policiaca.

La conclusión del ciclo escolar, en donde se deben entregar certificados de primaria y secundaria, debería preocupar más a las autoridades que al magisterio, porque la cerrazón es de parte del gobierno y no de los profesores que se manifiestan por una mesa de diálogo.

El gobernador, los diputados locales y federales, así como los senadores chiapanecos, deberían urgir a la federación a sentarse para dialogar con los profesores de nuestra entidad.

El tiempo se agota, y no conviene a nadie la prolongación de un conflicto que puede resolverse con voluntad y no con un discurso cargado de retórica y de violencia del secretario de Educación.

De no darse este paso, el movimiento puede radicalizarse, y al rato se estará exigiendo una mesa, no para hablar solo de la reforma educativa, sino para todas las otras reformas, que no han funcionado en este México de vuelta al pasado que comanda Enrique Peña Nieto.

Hoy se puede solucionar el conflicto, pero mañana, con una sociedad cansada de los abusos, se podrá estar clamando otra cosa, hasta la desaparición de poderes.

A nadie conviene que eso suceda, pero es una carta que está en la mesa, y que ante la incertidumbre, no sabríamos hacia dónde podría moverse.

ver más:
http://www.chiapasparalelo.com/opinion/2016/06/30-dias-de-resistencia-magisterial/