EL SOCIALISTA 389

CRAC-PC

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martes, 19 de julio de 2016

¿CÓMO CAMBIA MÉXICO A RAÍZ DEL MOVIMIENTO MAGISTERIAL?



CARABINA 30-30
Por Cuauhtémoc Ruiz
19 de julio 2016
Este texto, redactado y dado a conocer dentro del POS y el CRIR el 9 de julio, se basa en que el movimiento triunfa. Hoy, 12 de julio, al menos dos hechos abonan en esa dirección: la transformación del diálogo entre la CNTE y el gobierno en negociaciones en las que se incluirá modificar la ley educativa, y el traslado de los cuatro líderes del magisterio de la remota Hermosillo a un penal de Oaxaca.

Aquí se parte de que el levantamiento magisterial popular triunfa. Hace más de un mes lo pronosticamos. Aquí no entramos a dilucidar la vía por la que sucederá la victoria, ya sea si los charros del SNTE (la SEP) proponen a las cámaras modificaciones legales o alguna otra vía. Para los fines de estas reflexiones es secundario cómo ocurrirá la victoria.

Hemos hablado de un levantamiento. Para ser más precisos, se trata de una insurrección, al menos en dos o tres estados. Vladimir I. Lenin, el comunista ruso que fundó la primera república obrera en el mundo, definió como insurreccional a un movimiento local, en 1902, en una ciudad alejada de Moscú. En Rostov, los ferrocarrileros se fueron a huelga por “pequeñas” demandas laborales. Pronto se les unió el resto del proletariado. Pronto también llegó la policía a reprimirlos y el pueblo resistió y exigió “el derecho a una vida libre”. Así, ese movimiento ya no sólo era obrero sino de más capas de la población y apuntó “involuntariamente a la idea de la insurrección.”

México 2016 es parecido: un paro laboral de un sector asalariado, los profesores, es visto como suyo por amplios segmentos sociales que los apoyan activamente. Los métodos ya no son sólo la huelga y la manifestación sino la barricada, el bloqueo de carreteras, el incendio de vehículos, la ocupación de edificios y de grandes comercios. A la represión policial se responde con piedras, bombas molotov, cohetones de días de fiesta… y con los pechos, con más de una decena de mártires. El odio al gobierno une a todos, los agravios acumulados son muchos y encuentran salida y un cauce. Es una insurrección, así no busque ya derrocar al gobierno pero sí derrotar algunas de sus políticas más irritantes.

Esta insurrección es la continuación de otras. Para no ir más atrás, de la de Chiapas en 1994; Oaxaca en 2006; Guerrero en 2013 con las policías comunitarias y los educadores oaxaqueños en la Ciudad de México; un año después en Michoacán, con los autodefensas contra los delincuentes y sus muchos cómplices gubernamentales. Y así llegamos en 2016 a una versión aumentada de esos levantamientos, porque la insurrección que estamos viviendo abarca toda una región del país y algunos estados más.

El movimiento que sacude hoy a México hunde sus orígenes en la lucha de los ferrocarrileros en los años cincuenta del siglo pasado, en las batallas de los profesores en el DF una década después, en el movimiento de 1968, en la insurgencia de los electricistas democráticos y los obreros industriales en los 70s del siglo pasado, y en las movilizaciones de los maestros en 1989.

La gran diferencia de 2016 es que ahora se vislumbra una victoria, en un largo camino de décadas empedrado de fracasos y derrotas. Allí están las tardes sangrientas del 2 de octubre de 1968 y al 10 de junio de 1971. En 1976 decenas de miles de soldados y de esquiroles priístas quebraron a la Tendencia Democrática electricista. En los primeros años de los 80 fueron abatidos prácticamente todos los sindicatos independientes. En el año 2000, mil estudiantes cayeron a prisión luego de diez meses de huelga en la UNAM. Oaxaca 2006 fue fulminada con más de 20 asesinatos y cientos de detenidos y torturados (y mediante la traición de los dirigentes).

Las pocas victorias que hubo en el pasado fueron desviadas o contenidas: en 1989 la CNTE derrocó al charro vitalicio en el SNTE pero el gobierno pudo poner al frente de ese sindicato nacional a Elba Ester Gordillo. En Chiapas, la insurrección zapatista –que buscaba el cambio por todos y para todos los oprimidos del país– se transformó en una causa sólo indigenista y sin demanda nacional de tierras. Otros movimientos terminaron bajo las balas, las torturas y con encarcelados, como los de Guerrero y Michoacán.

El triunfo de 2016 es un quiebre histórico que podría traer consecuencias hoy difícilmente imaginables y que apuntan a una democratización de fondo del país y con ello mejores condiciones para la lucha de todos los de abajo y los de en medio. Es decir, podrá reaparecer en el horizonte político la perspectiva socialista. Las relaciones de fuerza entre las clases podrían empezar a cambiar y, al menos hoy, parte del pueblo perdió el miedo de protestar. El gobierno no puedo lanzar a los soldados y gendarmes a hacer una matanza. El gobierno ha quedado debilitado y el PRI ha perdido estados bastión. El PAN y el PRD, cómplices del PRI, lo seguirán en su despeñadero, así el partido azul obtenga aquí o allá victorias en las urnas. Todo el sistema electoral está en jaque. Sobre los escombros del PRI, del PRD y sus satélites podría surgir nuevas opciones electorales. Tal vez el pueblo le dé una oportunidad a AMLO y su partido, que mostrarían el cobre si gobiernan, pues lo harían con la sumisión (autoritaria) al orden neoliberal, como hizo Syriza en Grecia y sus predecesores suramericanos: el PT en Brasil y el chavismo venezolano.

En perspectiva histórica, 2016 será más importante que la derrota electoral del PRI en el año 2000. Al nacer el siglo escribimos que el régimen político pasaba de una dictadura con ingredientes democráticos a una democracia burguesa con numerosos elementos dictatoriales. Ahora tal vez podamos decir que la derrota del gobierno, del PRI y de sus cómplices PRD y PAN arrincona algunas de las peores aberraciones represivas y antidemocráticas y que en el país se vislumbran más conquista de libertades. La casta política, acostumbrada durante décadas a desaparecer, asesinar, torturar y encarcelar opositores de manera regular y sistemática, tendrá menores márgenes para esas acciones.

La prensa y los medios han resentido el golpe. Como en 1968, la mayoría del periodismo apoyó rastreramente al gobierno. En este terreno igualmente veremos transformaciones o el declive de Televisa y otras.

El triunfo de 2016 podría abrir el camino para la otra gran democratización que hace falta y que quedó dramáticamente rezagada: la de los sindicatos y las organizaciones de las masas, dominadas por caciques sinvergüenzas y corruptos. En 1989 el PRI y el PRD pudieron inventar el neocharrismo debido a que la economía daba para incrementar sustancialmente los sueldos de cientos de miles de profesores que así quedaron adormecidos y esperanzados en que los otros cambios vendría votando por la “oposición” cada tantos años. En 2016, en contraste, el mundo vuelve a arrimarse a una nueva, honda y prolongada crisis económica en la que las primeras víctimas son los empleos y los ingresos del proletariado. Los charros del SNTE, súbita y convenencieramente descubridores de que la reforma educativa afecta a los docentes, enfrentarán luchas por sustituirlos por dirigentes democráticos y honrados. La misma CNTE, después de estas jornadas intensas, no será la misma: se pondrá también en el orden del día el reformarse, limpiarse de elementos nocivos, recuperar sus principios rectores socialistas y clasistas que le dieron vida. También, y muy importante, deberá feminizar su dirección y todos sus espacios de decisión y poder.

La democratización e independencia de los sindicatos, su confirmación como organizaciones clasistas, cobrará nueva vigencia. Esto es una gran necesidad que sentirá la clase trabajadora mexicana para incrementar los salarios y conseguir condiciones de vida dignas.

La derrota de la “reforma educativa” significa igualmente que en México las directrices imperialistas y de los grandes capitalistas comenzaron a ser detenidas. La victoria magisterial podría abrir nuevas y mejores posibilidades para los combates de las comunidades contra los “megaproyectos”, la minería abierta, los parques eólicos y todo tipo de despojos y saqueos de los bienes comunales y nacionales. La lucha por una nueva expropiación energética también encontrará mejores condiciones para ser levantada.

La causa magisterial encontró un terreno fértil, abonado por los familiares de los jóvenes asesinados y desaparecidos de Ayotzinapa; por los decenas de miles de gays que marcharon hace unas semanas en 82 ciudades mexicanas; por los que consiguieron un nuevo sistema penal, oral y menos injusto y represivo; por los que votan contra los partidos del sistema y por todos aquellos que se oponen de distintas maneras a la casta política. Estos millones de mexicanos son también partícipes y actores de la victoria popular en ciernes.

En suma, han ocurrido cambios en la conciencia de las masas en estos meses históricos de mayo a la fecha. La experiencia de que sólo organizándose y luchando con decisión puede quedar sólidamente grabada. Con ella, la convicción de que la lucha paga y de que puede derrotar al gobierno y las empresas crecerá. Sumado a la anterior, el uso de métodos semi-insurreccionales como forma de lucha es un progreso que podría reavivar la experiencia michoacana y guerrerense de autodefensas y policías ciudadanas más allá de los ámbitos en las que nacieron.

La gran bandera de Lenin, la unión de explotados y oprimidos, de asalariados y de campesinos, de sectores populares y médicos, enfermeras, padres de familia es un avance que, para consolidarse, requiere de dar el paso de conformar un gran frente nacional de lucha, como lo soñaron los electricistas en 1976.

Ojalá las nuevas condiciones abran espacios para la construcción de partidos clasistas. Ojalá resurja ese partido revolucionario de los indígenas llamado EZLN y partidos proletarios de todas las tendencias. Por lo que respecta al POS, fundado en 1980, ha pasado por casi todas las experiencias enunciadas: es un sobreviviente no sólo de las derrotas populares nacionales sino de las ideologías que daban al socialismo por fracasado. Lo hizo sin abandonar sus banderas, sin traicionar ninguna lucha, sufriendo también cada golpe propinado al proletariado. El POS sale del levantamiento magisterial con uno de sus principales dirigentes encarcelado y con uno de sus militantes gravemente herido. Pero hoy también para el POS son más las ganancias que los golpes recibidos. La nueva etapa histórica que parece comenzar en México lo será también para nuestra organización, la cual podrá postularse como una verdadera opción para millones de mexicanos y no sólo como una expresión socialista a contracorriente.

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http://www.30-30.com.mx/como-cambia-mexico-a-raiz-del-movimiento-magisterial/