EL SOCIALISTA 389

LA LLAMA VIVA

LA LLAMA VIVA

viernes, 1 de julio de 2016

MÉXICO. AMLO, O EL DILUVIO (SEGÚN ÉL)



CARABINA 30-30
Por Camilo Ruiz Tassinari
1 de julio 2016
Ciro Gómez Leyva tuvo el mérito de llamar la atención hacia las palabras finales de López Obrador en su discurso en el Zócalo el domingo 26. Pero me parece que no saca las conclusiones apropiadas, en parte porque él mismo no está dispuesto a aceptar la disyuntiva que López Obrador le ofrece, desde hoy, a la élite del país.

¿Qué dijo el Peje? Más o menos lo mismo que siempre: que sólo él puede ganar, que su victoria es casi un hecho (¿no se acuerda del pésimo error del “ya ganamos”?), etc. Los medios recogieron unánimemente su invitación a que Peña forme “desde hoy” un gobierno de transición para preparar el paso a un México democrático en 2018. Sin embargo, la argumentación del Peje de porqué sólo él puede ganar es lo realmente interesante. No se trata esta vez tanto de una inevitable marea electoral a su favor, como de la idea de que cualquier otra cosa sería el caos. Que sólo su gobierno podrá garantizar “la paz y la tranquilidad” en el país.

Hay que leer esto en su contexto para entenderlo. Recordemos que la marcha del domingo fue convocada por Morena para “arropar” (aunque, y este es un detalle esencial, la CNTE y los padres de los 43 se negaron a participar) a los maestros. El apoyo de López Obrador al magisterio disidente es posiblemente su política más ambiciosa e inteligente en mucho tiempo, pero –basta con tener dos dedos de frente para darse cuenta- sus objetivos son distintos a los de la Coordinadora. AMLO apoya a los maestros porque cree que pueden ganar, y porque sabe que apoyar a un movimiento social victorioso lo catapultará frente al PAN y al PRI. El Peje quiere ganar las elecciones, y por ahora piensa que apoyar a los maestros es parte del camino para lograrlo. Cuando deje de ser el caso, se hará silenciosamente a un lado. Si no, pues, ¿por qué no los apoyó en el 2013?

Nada de lo que acabo de decir es nuevo. Pero me parece que en el apoyo de Morena a la CNTE y en las palabras de López Obrador hay un segundo mensaje, que no va dirigido al “pueblo”, hacia su masa ya ganada de votantes; sino al contrario a la gran élite del país y, en segundo lugar, a las clases medias conservadoras que lo aborrecen. Esto puede parecer paradójico, pero no deja de ser coherente. El mensaje es simple: el país se está saliendo de control, y sólo yo lo puedo mantener a los radicales en el huacal. Para hacerlo hay que conceder varias cosas –la intransigencia es precisamente lo que los ha radicalizado-, y ese acto de concesión sólo será creíble si lo hago yo.

Cuando López Obrador habla de caos, de paz y de tranquilidad, no es a los maestros de Oaxaca a los que les habla. Es a toda la gente que detesta a los maestros de Oaxaca, y que cree que si esto sigue así el país el país caerá en la guerra civil. El qué tan realista es este análisis es otra cuestión; tal vez lo importante ahora es que un sector importante de la población y de la burguesía lo cree así.

AMLO se sitúa para esto en una posición contradictoria pero que me parece puede sostenerse un tiempo. Por un lado, apoya a los maestros pero, a cambio, solicita su apoyo político y, más en general, la “electoralización” de su lucha (el mejor ejemplo de esto es la escena de miles de maestros abandonando el plantón en Oaxaca para regresar a sus comunidades a votar). Esto es un caso típico de canalización e institucionalización de un movimiento social. Por el otro, desde su posición como interlocutor o líder moral del movimiento magisterial dialoga con la burguesía: sólo yo puedo contener a mis huestes. Pero para hacerlo efectivamente necesito su apoyo, ¡necesito que me acepten, por amor o conveniencia!
En realidad, este nuevo puente de Morena hacia el México conservador es una variación en una vieja historia: la de López Obrador haciendo todo lo posible por presentarse como un candidato atractivo a las élites. Cuando hablo de puente no lo hago metafóricamente: el segundo piso de la Ciudad de México fue la gran obra pública con la que el peje intentó convencer a la clase alta chilanga de que después de todo sí gobernaba para ellos.

Ahora, que las cosas se han puesto peores –que la lucha de clases ha empujado a todos a posiciones más extremas- AMLO busca presentarse como la última barricada, la del diálogo, la canalización, frente al diluvio. Como estrategia política, es audaz. Pero implica una cosa, por lo demás poco probable: que los maestros se dejen reducir a la posición poco heroica de huestes lopezobradoristas. Recuerda a la famosa frase de Fuentes, “Echeverría o el fascismo”, pero invertida: “¡Andrés Manuel, o el comunismo!”

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http://www.30-30.com.mx/amlo-o-el-diluvio-segun-el/