EL SOCIALISTA 389

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viernes, 16 de septiembre de 2016

Chile.La traición, la lealtad y la lucha en dictadura

Un nuevo 11 de septiembre acaba de pasar en Chile, el de 1973 es el que está grabado de manera indeleble en la gente de mi generación y mayores. Ese día se dividió irremediablemente el país entre los golpistas asesinos, ladrones y torturadores… y el resto.



OTRAMÉRICA
Por César Baeza Hidalgo
jueves 15 de septiembre de 2016
Un nuevo 11 se cumplió, y son demasiadas las cosas viejas que se ciernen sobre esta mentada democracia que quisimos recuperar y aún no llega. Hay deudas en materias de justicia, equidad social, distribución de la riqueza, sistema de pensiones, sistema de salud, educación gratuita y de calidad, etecé, etecé, etecé… suma y sigue. La dictadura no se limitó a millares de asesinatos y desapariciones de los cuerpos de miles de personas, instauró un régimen que sufrimos hasta nuestros días.

Pero si es cuestión de fechas, cercanas al 11 macabro, que mancha de rojo sangre el septiembre festivo que históricamente han sido las fiestas patrias en este país, hay otras que voy a señalar, y otras tantas se me quedan fuera: Dos del pasado, y una del presente que dice relación con el pasado de traición. Todas con dulce y agraz, como la vida misma.

El 7 de septiembre de 1986 un destacamento especial de combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) realizó una acción armada con la finalidad de ejecutar al dictador Augusto Pinochet Ugarte. Un atentado que incluyó cohetes LOW, de fabricación estadounidense -elección hay quienes dicen que fue uno de los principales errores que condujo al fracaso de la llamada Operación Siglo XX-, aunque mostró que los militares golpistas eran vulnerables… pero bueno, esa es otra historia.

El 8 de septiembre del mismo año, faltando unos minutos para las 5 de la mañana, llegaron a la casa del periodista y militante del MIR, José ‘Pepe’ Carrasco Tapia –Pepone para sus más cercanxs-, y se lo llevaron para asesinarlo. Horas después del atentado en contra del dictador –o acto de justicia, si prefiere-, comenzó la escalada de represalias sobre reconocidxs militantes de la izquierda opositora a ese régimen cívico-militar que se instauró en Chile en el año ‘73.

Ese 7 de septiembre, quienes recibieron el ataque -de los cuales hubo 5 bajas-, estaban fuertemente armados, su oficio era la guerra, y murieron en el marco de esa conflagración que declararon las Fuerzas Armadas “al marxismo”, y al pueblo chileno. La madrugada del 8, fueron personas desarmadas, solas y en la indefensión que genera estar junto a sus familias, con la impotencia de sentir que no defenderse era lo mejor que podían hacer para protegerla.

Pepe Carrasco estaba con su esposa, Silvia Vera, y sus dos pequeños hijos –Iván y Luciano-. Optó por no oponer resistencia. “Espere que me ponga los zapatos”, relata Juan Pablo Cárdenas en un aparte de su libro “Un periodista incómodo para el poder”. Y éstos le respondieron: “A donde vai no los vai a necesitar”, le respondieron, además de otras palabras de grueso calibre. Pepone apareció con 14 balas en el cuerpo -12 de las cuales en el cráneo-, a un costado del Parque del Recuerdo, un cementerio para la clase alta de Santiago.

Otros tres militantes de izquierda serían víctimas del “escarmiento” de los militares por la osadía de atacar a su líder. En menos de 24 horas asesinaron al también militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y artista plástico Gastón Vidaurrázaga, y a los militantes del Partido Comunista (PC) Felipe Rivera Fajardo y al publicista Abraham Mufkatblit Eidelstein.

Este 7 de septiembre recién pasado, además de un acto conmemorativo por los 30 años del “Atentado a Pinochet”, a pocos días de la conmemoración de los 43 años del Golpe de Estado Cívico Militar, y a horas de cumplirse tres décadas del asesinato de Pepe, se presentó el libro “El Fanta. Historia de una traición” (Ceibo Ediciones 2016), de la periodista Nancy Guzmán, que da cuenta de una de las traiciones más emblemáticas de la historia reciente asociada al horror.

Miguel Estay Reyno, El Fanta, fue un militante destacado de las Juventudes Comunistas de Chile (JJCC), que pasó a formar parte del aparato de inteligencia del Partido Comunista (PC) cuando sus jefes lo enviaron a Rusia, a Odinstovo, la escuela de extranjeros de la KGB en 1971 -plena Guerra Fría-, luego que los partidos de izquierda reconocieron la posibilidad de un golpe de Estado a partir del asesinato del general René Shneider, militar constitucionalista, durante el Gobierno del Presidente Salvador Allende.

El Fanta, luego del quiebre de la democracia, estuvo dos años clandestino antes de ser detenido por el Comando Conjunto Antisubversivo, en diciembre de 1975, y sin mediar la tortura pasa a formar parte de los “aparatos de seguridad” o mejor dicho de represión de la dictadura cívico-militar chilena.

Pasa de ser militante internacionalista a convertirse en agente destacado del régimen criminal que gobernó Chile entre 1973 y 1990, y cuyas secuelas se viven hasta el siglo XXI.

Hoy, el Fanta purga dos cadenas perpetuas en Punta Peuco, un penal de lujo que construyeron para los militares violadores de derechos humanos, muchos de los cuales aún reciben sus pensiones de las Fuerzas Armadas. Es decir, que de nuestros impuestos, seguimos costeándoles la vida a quienes tanta muerte trajeron… pero eso también es parte de otra historia.

El Fanta es el ícono de la traición porque no solo entregó a sus compañerxs, su hermano, su cuñada, y ayudó a desmantelar y perseguir a la resistencia del aparato militar del que había sido su Partido político, sino más bien porque se valió de lo que sabía de ellxs para quebrarles emocionalmente. Se atrevió a perseguir a sus familias, a señalarles en medio de la tortura que sabían dónde encontrar a sus hijos, su hijas, sus parejas, e insinuarles que si no hablaban, sus cercanxs también sufrirían los horrores que estaban pasando ellxs.

El Fanta es un hombre, pero encarna la traición que los militares indujeron para los cómplices de los poderosos, de los adinerados que temieron por sus billetes con las transformaciones que impulsaba la Unidad Popular. La traición en Chile se valió del miedo y encontró su fuerza en la avaricia.

El atentado a Pinochet fue un acto de resistencia que un porcentaje altísimo de la población celebró y elevó a la categoría de héroes y heroínas a quienes lo planificaron y ejecutaron. La guerra de la cual hablaban el dictador y sus cómplices –tanto civiles como militares- le puso rostro con poder de fuego a dos bandos, y no solo al Estado reprimiendo y asesinando en una guerra en la cual solo disparaban unos.

Un acto de dignidad que hoy en día aún le cuesta reconocer en voz alta a muchxs de quienes se oponían a la dictadura y que hoy, desde los gobiernos que la sucedieron, administran el sistema económico y político que ésta instauró.

El Pepe Carrasco es un ejemplo de ternura y resistencia. Volvió al país desde el exilio, a pesar de las amenazas que se cernían en contra de su vida y de lxs suyxs. Su figura aparece en innumerables fotografías y videos marchando y denunciando a la barbarie de entonces. Hoy, sus compañerxs de letras en el periodismo, y las nuevas generaciones de luchadorxs sociales le reconocen poniendo su nombre a la calle donde se ubica la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, y al principal auditorio del campus en que está la Escuela de Periodismo de esa casa de estudios.

Pero sobre todo porque fue un ejemplo de coherencia e inclaudicable convicción.

Un libro como el que describe la historia de El Fanta, que además da cuenta de las pugnas por el poder y patrimonio de la represión entre los generales golpistas, nos muestra hasta dónde puede llegar el ser humano por avaricia o la ilusión del poder. Porque hoy sabemos que la dictadura no fue solo militar, y que las Fuerzas Armadas asumieron el rol de guardias privados del dinero de unos pocos, cuyos representantes fueron los autores intelectuales de Golpe de Estado, y junto con él de las peores aberraciones que ha visto la historia de Chile.

Por eso, y desde entonces, septiembre tiene siempre un sabor de dulce y de agraz. Hay historias de resistencia que están asociadas a la dignidad, pero también a los más profundos dolores que nos hunde el dedo en la llaga y no nos permite reír a carcajadas. Pero siempre sonreímos y mantenemos la mirada en el futuro, para sobrellevar el presente que está lleno de deudas pendientes que, de manera bochornosa, se nos abarrota sobre nuestra dignidad histórica.

A 43 años del Golpe Cívico-Militar en contra de la democracia y la justicia, a 30 años de la desaparición del Pepe Carrasco, hoy, como siempre, el Estado de Chile, el pueblo de Chile, sigue en deuda con lxs golpeadxs, lxs caídxs, lxs combatientes, y con el camino que nos obliga a seguir construyendo y develando nuestra historia con base en la esperanza, la lealtad  la lucha por la dignidad y la justicia.

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http://otramerica.com/opinion/la-traicion-la-lealtad-la-lucha-dictadura/3464