EL SOCIALISTA 389

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sábado, 3 de septiembre de 2016

China: un Estado obrero degenerado con un poderoso sector privado

Capítulo 9
Casi toda la “izquierda” mundial tiene la idea de que la República Popular China se ha convertido en un país capitalista y aun imperialista. En este texto se sostiene una tesis distinta: China sigue siendo, pese a contar con un considerable sector privado, un Estado obrero o un “Estado obrero degenerado”, pues incluye un régimen político tiránico que debe ser barrido por una nueva revolución política que los obreros, campesinos y jóvenes ya preparan con las constantes y numerosas movilizaciones que han escenificado en los años recientes.
Este texto es el capítulo 9 del libro China, capital estatal, sector privado y obreros insurgentes que puede leerse en la web del POS o solicitarse al autor.




PARTIDO OBRERO SOCIALISTA
Por Cuauhtémoc Ruiz      
cuateruizortiz@hotmail.com
septiembre 2016
La transformación económica más prodigiosa
A partir del triunfo de la Revolución, en 1950, China creció durante los siguientes 30 años a 4.4 por ciento y de 1981 a 2012 a 9% en promedio cada año.

Han sido 60 años de crecimiento alto e ininterrumpido que han llevado a Martin Jacques a concluir que, “tomada en escala y velocidad, la transformación económica de China es seguramente la más extraordinaria en la historia de la humanidad.” Resta explicar a qué se debe este prodigio, cuál es el secreto para crear esas montañas de riqueza.

La explicación más a la mano, la que ofrecen, por ejemplo, desde la televisión de Miami o del Herald de esa ciudad periodistas como Andrés Oppenheimer, dice que se debe a que el país de los dragones regresó a la senda capitalista. Esta teoría es poco convincente, porque hay muchos países capitalistas y su suerte económica ha sido muy diferente a la del país asiático. Se añade entonces que deben ser economías abiertas al capital extranjero y que hayan aplicado “reformas” neoliberales. Igualmente este agregado es inconsistente porque los países capitalistas neoliberales la vienen pasando mal desde hace años y su devenir económico no tiene paralelo con el chino. Aun así, un amplio espectro de intelectuales y de corrientes políticas caracterizan que China es un país capitalista. Algunos agregan adjetivos: “autoritario”, “burocrático”, de “tipo especial”, etcétera.

Aquí ofreceremos una explicación distinta: este milagro se debe a que su Revolución dio como resultado una economía que estatizó la tierra y los más importantes medios de producción, lo que permitió que una parte considerable del plus trabajo se reinviertiera en desarrollar las fuerzas productivas. Como veremos, el peso del capital privado, aunque significativo, no es determinante.

Existe unanimidad en que China antes de 1979 no era un país capitalista. Se le consideró un “país socialista” y así se autodenominaba. Nosotros usaremos un concepto diferente: era (es) un Estado o país obrero. Añadimos a lo anterior el adjetivo “degenerado”, debido a que su economía estatizada soporta un régimen político totalitario.

Recordemos cómo funcionaba China hasta 1979. Luego analizaremos si los cambios introducidos a partir de ese año por Deng Xiao Ping y sus sucesores en la cúpula del aparato estatal modificaron en esencia la economía hasta reconvertirla en capitalista.

Cómo era China antes de la política de “reforma y apertura”
Una buena descripción sobre el funcionamiento de la economía china no capitalista la encontramos en los artículos ya citados de The Economist que, aunque son de 1985, se aceptará que también valen para el periodo 1950-1980:

El Banco Popular de China se sitúa en el centro de la economía de mando, siendo a la vez el Banco Central y un ministerio. (…). Los bancos estatales manejan alrededor del 80% de los activos financieros del país. [.]

El principal problema de los bancos estatales es que tienen que apoyar a una gran y poco atractiva base de clientes constituida por 100,000 firmas estatales, la columna vertebral de la economía socialista. (…) Se ha permitido que las empresas estatales sigan consumiendo capital improductivamente a gran escala. (…) 40% de ellas perdieron dinero el año pasado. Lo que realmente importa es que el dinero tiende a pasar de los bancos a las empresas estatales en grandes cantidades, pero rara vez regresa.

Las compañías estatales continúan consumiendo más de 60% de toda la inversión en activos fijos en China [.]. Casi toda su inversión es financiada por créditos bancarios; y parte de ella probablemente no sea inversión en activos fijos, sino dinero desviado a finanzas de inventario o cuentas salariales; en otras palabras, se paga a trabajadores excedentes para producir bienes excedentes.

Si los bancos de China hubieran estado operando sobre principios comerciales, habrían suspendido la mayor parte de su crédito a las empresas estatales hace mucho tiempo. Al menos un tercio de las firmas se hubiera tenido que declarar en bancarrota y también algunos bancos debieron haber quebrado. Los bancos tienen entre el 30% a 40% de su cartera con deudas a compañías estatales, que son incobrables.

Es una característica recurrente del sistema financiero de China que cuando deudor y acreedor son de propiedad estatal, el concepto de reembolso pierde su eficacia.
En vez de ello, los bancos de China hacen lo que los gobiernos central y locales les dicen. Los gobiernos locales, que controlan el 80% de las firmas estatales, arengan a las oficinas locales del Banco Popular de China y sus cuatro principales bancos subsidiarios a canalizar dinero a sus feudos.
Muchas firmas estatales pierden dinero porque siguen pagando a los trabajadores excedentes  que de otro modo estarían desempleados; también proporcionan a los trabajadores vivienda, educación y atención médica.

En las ciudades y las fábricas, la reforma ha ayudado a crear la riqueza necesaria para subsidiar a las enormes empresas estatales.

Si resumimos aquí, encontramos:

a)una economía basada en empresas, bancos (y tierra) de propiedad estatal.

b)al no haber propiedad privada de medios de producción, no existe una clase capitalista o burguesa.

c)la economía es dirigida, es decir, el motor que la guía es un plan y no el mercado.

d)esta planificación es antidemocrática, debido a que el régimen político es una dictadura sobre los trabajadores y el pueblo.

e)la planificación tiene en su “centro de mando” al sistema bancario estatal.

f)estos bancos sirven fundamentalmente para fondear a las empresas de propiedad estatal (EPE), “la columna vertebral de la economía socialista”.

g)el sistema no opera mediante criterios mercantiles sino a favor de las EPE, es decir, a través de relaciones de producción no capitalistas.

h)los precios de la mayoría de los productos –entre ellos del crédito- no dependen de la ley de la oferta y la demanda sino de criterios que favorecen a las EPE y a sus trabajadores.

i)las pérdidas que tenían las EPE se debían fundamentalmente a que empleaban a un porcentaje de trabajadores “sobrantes” y a que se hacían cargo del bienestar educativo, sanitario y de todas las prestaciones de sus operarios y sus familias.

Si este sistema financiero trabajaba a perdida, entonces, ¿de dónde se fondeaba? Según Martin Jacques, luego de la Revolución de 1949 “la tarea central que se fijó la RPC fue la industrialización. Para ese fin, se comprometió en un enorme proyecto de redistribución de la tierra y de creación de comunas mediante el cual extrajo una considerable cantidad de plus trabajo de la agricultura en la forma de impuestos a los campesinos, que fueron invertidos en la construcción de un sector de industria pesada.”
Por otra parte, el sistema obtenía fondos del mismo plus trabajo que generaban las empresas estatales (no todas las EPE tenían pérdidas) y del ahorro doméstico, es decir de los depósitos de dinero que hacían los mismos trabajadores en los bancos estatales.

En cuanto al grado de bienestar de su sociedad, de acuerdo con Martin Jacques:

Entre 1950-1980, elevó su Índice de Desarrollo Humano (una medición que combina el PIB per cápita, los estándares de vida, de educación y de salud) por tres veces y medio. Como resultado de poner un enorme énfasis en educación, en la eliminación del analfabetismo, en la promoción de la igualdad (incluyendo la igualdad de género) y en el mejoramiento del cuidado de la salud.

Durante estos años China superó en este aspecto a la mayoría de países de América latina, África y del resto de Asia, en especial a India, dice el autor citado.

A un país con estas características económicas, sociales y políticas León Trotsky lo definió como “obrero degenerado”. Combina la economía y sociedad históricamente más avanzadas (propiedad estatizada y planeada, que funciona sobre relaciones no capitalistas) con un aparato estatal parecido a los de los países capitalistas con regímenes políticos dictatoriales (de allí el adjetivo “degenerado”). De esta manera llamó a la URSS de los años treinta del siglo XX. La China maoísta entra en esta definición.

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Ahora se trata de dilucidar si las “reformas” y cambios impulsados a partir de 1979 transformaron en lo esencial al país y lo convirtieron en uno capitalista. O si continúa siendo un Estado de los trabajadores, aunque ahora con un considerable sector privado, como aquí sostendremos.

Comenzaremos por evaluar el impacto de las “reformas” agrícolas.

En el campo se mantiene la propiedad estatal
En noviembre de 1978 un grupo de 18 campesinos decidieron abandonar el sistema comunal de explotación de la tierra.

Convinieron en trabajar individualmente o por familias, en entregar al Estado lo comprometido en el plan y quedarse con el excedente del producto para venderlo. “En un año la producción de grano creció de 18,000 a 60 000 kilos.” El PCC permitió la generalización de la práctica y tomó medidas a favor de los campesinos: subió en 20% el precio de los artículos que era obligatorio que le vendieran al Estado; aumentó en un 50% el precio del resto de la producción que quisieran venderle al Estado; y bajó de 10% a 15% el precio de los productos industriales vendidos al agro. El nuevo sistema de “responsabilidad familiar” “se volvió masivo hacia fines de 1982.

En lo anterior consistió esencialmente esta “reforma”. Pero no significó la reprivatización de la tierra, no se autorizó su libre compra, ni la creación de latifundios. Se autorizó que los campesinos pudiesen contratar una cantidad mínima de mano de obra. Considerables extensiones de tierra fueron expropiadas por los Gobiernos provinciales para venderlas a especuladores con suelo urbano y a constructores de viviendas y oficinas.

Pero 35 años después de esta reforma el campo sigue siendo de propiedad estatal y el 90% de los campesinos “no quiere dejar sus tierras” o, por mejor decir, no quieren vender el derecho a su posesión, según una investigación citada por China Hoy en 2010. La mayoría de los campesinos que trabajaron en las fábricas en las zonas económicas especiales en la Costa, la primera generación, regresó al campo, donde las autoridades les permiten subarrendar las tierras hasta por tres años.

Gracias a la revolución de 1949 los campesinos aún poseen pequeñas porciones de tierra. China, el primer productor de alimentos del mundo, con la mitad de la población en el campo, mantiene a la tierra como propiedad estatal, lo que impide la formación de un sector capitalista. La prohibición jurídica de privatizar la tierra está asentada en la voluntad del 90% de sus agricultores de no venderla.

La mayoría de la industria en manos del Estado
Virginia Marconi, autora de “China, la larga marcha, de la revolución a la restauración”,  tiene el mérito de relacionar el proyecto gubernamental pro capitalista con las luchas populares y de los trabajadores en su contra. Éstos, dice, “se resisten a las medidas que toma el gobierno con el objeto de destruir los ‘tres hierros’: trabajo estable, beneficios sociales y vivienda.” Así sintetizó lo ocurrido de 1988 a 1999:

La llamada Reforma de precios y salarios lanzada por Zhao Ziyang en 1988 –que terminó con los precios congelados desde hacía años- es uno de los antecedentes y explicaciones del movimiento en Tiananmen de un año después. Los precios subieron en un 60% y los salarios no se incrementaron, lo que ocasionó “rebeliones en el campesinado y un centenar de huelgas salvajes”. La reforma de precios cayó por su propio peso… estableciéndose que quedaría congelada por dos años. Es de hacer notar que, hasta ahora [1999], todos los intentos de introducir esta reforma han fracasado.

La cúpula del PCC, en noviembre de 1989, meses después de la matanza en el zócalo de Beijing, restableció el control de precios, la planificación central, restringió los créditos a las empresas privadas y adoptó medidas que redujeran la importancia del mercado. Es que “innumerables huelgas salvajes se propagaron por todo el país luego de la masacre”. Vinieron tres años de repliegue del proyecto capitalista. El FMI los llamó de “retroceso de las reformas”.
Fue hasta 1992 cuando Deng Xiao Ping retomó las riendas. La Asamblea Nacional abolió las medidas de noviembre de 1989 y el XIV Congreso proclamó la “economía socialista de mercado” con la consigna: “hacerse rico es glorioso”. En 1994 se resolvió “vender lo chico y quedarse con lo grande” y otras “reformas” para el sector industrial. Aunque, en este punto, acota Marconi:

Las autoridades centrales, que tienen pánico a las consecuencias del desempleo masivo y las convulsiones sociales, sólo pueden ceder [a los trabajadores] y seguir inyectando fondos para salvar empresas que están en bancarrota.

Las empresas estatales representan una grave contradicción para el gobierno. Casi el 50% pierde dinero. Los subsidios y créditos a estas fábricas absorben el 15% del presupuesto nacional… El problema de las fábricas [estatales] es muy complejo, porque no sólo es un problema económico. Son responsables por el 72% de los activos industriales y del 70% de los puestos de trabajo en la industria pero sólo producen un tercio del total de la producción nacional. Pero el problema fundamental es político: Las empresas del Estado son algo más que un lugar de trabajo: están obligadas a proveer las necesidades de los trabajadores y sus familias durante el tiempo que éste trabaje y a pagar jubilación. Las empresas mantienen hospitales, clínicas y escuelas y hasta construyen casas para los trabajadores. Emplean a un tercio del personal médico del país y 600,000 docentes y administrativos. La discusión sobre qué hacer con estas empresas resurge año tras año en cada reunión de los organismos del Estado. El espectro de Tiananmen los aterra.

Concluía Marconi en que la burocracia había revelado “incapacidad para llevar las reformas hasta el fin.” La restauración del capitalismo no se había consumado al redactar su libro, en 1999.
Sobre lo ocurrido en años posteriores en la industria estatal, ya hemos citado en el capítulo VII a la UNCTAD, que en 2001 apreciaba el proceso de reinstauración capitalista igualmente trunco; a Manel Ollé, que con enfado registró en 2005 que “China entró en el siglo XXI con dos tercios del empleo urbano dependiente de las empresas de titularidad pública; y a Newsweek, que en 2008 calculó incluso un fortalecimiento del Estado en la industria:

“Desde 1992, el crecimiento en la inversión del sector privado en activos fijos ha crecido aproximadamente 10% al año, en comparación con el crecimiento del sector público de entre 20 y 50% anual.” “El Estado chino posee más de dos tercios de todos los activos fijos del país, como líneas de telecomunicaciones, centrales hidroeléctricas y bienes raíces. Las empresas estatales representan aproximadamente 70 por ciento de los principales mercados de valores.”
Además, se quejó de lo que llamó “tomas de posesión de más empresas privadas eficientes por parte del Estado.” Es cierto, entre 2005-2008 fueron reestatizadas algunas empresas del carbón y otras.
Esta tendencia, conocida como ‘el país avanza y lo privado retrocede’, le permite a Beijing incrementar su poder sobre la economía. No sólo la minería carbonífera, sino también la aviación, el refinamiento de petróleo y el acero han sido afectados.

Los argentinos Santillán y Silbert en 2010 escribieron que:

Los procesos de reconversión de los empleados en las empresas estatales están, a causa de estas dificultades [se refieren a las protestas obreras], avanzando de manera muy lenta desde comienzos de los ’90 [.]. Y precisamente, el volumen de deudas ‘impagables’ de las empresas, su financiamiento a cargo de los bancos públicos se explica por la negativa del gobierno a desencadenar procesos masivos de reestructuración empresaria que pusieran en riesgo millones de puestos de trabajo, y por ende la estabilidad social del país.

Concluimos este apartado con lo planteado por el británico Martin Jacques, doctor por Cambridge y quien fue editor de The Independent. Su libro “When China rules the world” (traducido a 11 idiomas y 300 mil ejemplares), ha sido elogiado por Eric Hobsbawm, Larry Summers (principal consejero económico de Obama), Robert Samuelson, The Times, Financial Times y los más destacados economistas chinos.

El total del número de firmas de propiedad estatal fue reducido de manera significativa, pero la proporción de activos propiedad del Estado se mantuvo muy considerablemente y concentrado en un relativamente pequeño número de enormes empresas de propiedad estatal. (.) Las EPE controlan una parte sustancial del total de los activos de las empresas.
A diferencia de Japón o Corea del Sur, sin embargo, en donde las firmas privadas son ampliamente predominantes, en China la mayoría de las compañías con los mejores desempeños están en el sector estatal. Dos industrias armadoras de vehículos son estatales y compiten con las mejores. Chery es estatal y es muy eficiente e innovadora.

Concluye Jacques en que, a pesar de las medidas capitalistas, el Estado chino mantiene su señorío:

El Estado siempre disfrutó de un papel de pivote en la economía y es universalmente aceptado que es el guardián y la estructura de la sociedad. El Estado en sus diferentes formas continúa jugando un extremadamente importante papel en la economía, a pesar de las reformas de mercado. El modelo chino de Estado está destinado a ejercer una poderosa influencia global”. “La historia moderna se dividirá en Antes y Después de China.

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Por otra parte están las llamadas Empresas de Pueblo y Aldea (EPA). Son 19 millones y emplean a más de cien millones de trabajadores. Hart-Landsberg y Burkett dicen que estas empresas son de propiedad privada y hasta de capital extranjero, pero otros autores  -como Ollé, The Economist y otros- se refieren a ellas como de propiedad de los Gobiernos provinciales o locales o de propiedad colectiva. En esta última categoría las incluye Marconi, que dice que existe la “misma cantidad de empleados en las unidades urbanas estatales que en las colectivas.” “En 1992 se estimó que el valor neto de la producción industrial de las EPA era un tercio de la producción industrial del país.”
¿En dónde situar a la propiedad colectiva? León Trotsky afirmó en 1936 que los koljoses (cooperativas agrícolas) en la Unión Soviética eran: “una forma intermedia entre la propiedad del Estado y la propiedad privada” y dio a entender que fortalecían al Estado obrero.

Bancos estatales ampliamente predominantes
La revista oficial China hoy explica que dominan el escenario los cuatro principales bancos estatales, “quienes conceden dos tercios del total de créditos”. Cuentan con casi un millón y medio de empleados y tienen 70,000 sucursales. Tres bancos chinos están entre los primeros cinco del mundo.
Ingresó la banca extranjera al mercado chino, requisito para que la RPC ingresara a la OMC (Organización Mundial de Comercio), lo que ocurrió en 2001. “Al principio sólo se les autorizó [a los banqueros internacionales] realizar transacciones en divisas y, desde finales de 2006 se les ha permitido hacerlo en yuanes.” Los bancos chinos se convirtieron en sociedades por acciones y se dio acceso a ellas al capital extranjero hasta un límite del 20%. Algunos bancos extranjeros compraron estas participaciones y obtuvieron rendimientos espectaculares, pero… la mayoría se vieron obligados a venderlas ante sus apremios por la violenta crisis financiera y económica que estalló en 2008. En otras palabras, en ese año la banca china, ya ampliamente de capital estatal, lo incrementó todavía más al recomprar sus acciones.

 En China Hoy leemos que “el actual sistema financiero, monopolizado por los bancos de propiedad estatal, favorece a las grandes empresas públicas….en los pasados dos años el Banco Popular de China incrementó sus restricciones al sector financiero.”
“China cuenta con 13 millones de pequeñas y medianas empresas y microempresas, casi todas en aprietos económicos, situación causada por las dificultades de acceso a la financiación”, dice esta revista. “Las pymes suponen más del 60% del PIB y emplean al 77% de los trabajadores, sin embargo sólo han conseguido el 36.8% de los 56.2 billones de yuanes en concepto de préstamos bancarios.”

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En noviembre de 2013 se reunió por tercera ocasión el Comité Central. En relación con el sistema bancario resolvió "una mayor apertura del sector bancario, a condición de que sean reforzadas las regulaciones, y se permitirá que el capital privado cualificado establezca bancos pequeños y medianos". China hoy interpretó así este resolutivo: “falta mucho para que el sistema bancario de China satisfaga los requerimientos del sistema financiero internacional.”

Un Estado financiado por el ahorro interno y los campesinos
Entre los mitos sobre la economía china, se la supone financiada por el capital internacional. Es cierto que atrae enormes cantidades de Inversión Extranjera Directa (IED). En 2000 recibió 40.800 mdd; en 2002, 52.800 y en 2001 una cantidad intermedia. En 2005 recibió 60.325 mdd y en los años siguientes en promedio una cantidad algo menor. Aunque esas cantidades, si las comparamos con las inversiones extranjeras en otros países o con el volumen de la economía china, son una parte mínima. Por ejemplo, México atrajo entre enero de 1999 y marzo de 2008 la suma de192.831 mdd, unos 20 mil millones cada año, que equivalen a una tercera parte de la IED atraída por China, aunque ésta tiene una economía casi diez veces más grande que la mexicana. En China, la IED como parte del PIB fue entre1978 - 2004 de un 4%. Y durante los primeros 14-15 años de las “reformas” fue de -1%. En conclusión, este tipo de inversión no es la que mueve a esta República.

Lo mismo que la China maoísta, la China de Deng y sucesores es fondeada en lo sustancial por los campesinos, como antes dijimos. Además, y más importante, según Martin Jacques, el “extremadamente alto nivel de inversión fue posible por el alto nivel de ahorro doméstico, el 40% del PIB, el cual, junto con la inversión interna, proveyó los principales fondos para el China’s take off. En 2001 el promedio del ahorro doméstico fue del 25.3%, comparado con el 6.4% en los EEUU en 2002.” “El enorme ahorro hecho por las familias, junto con el más reciente alto nivel de ahorro corporativo, jugó un papel clave en el despegue del país”, dice este especialista. Entre los años de 1992 a 2008, el ahorro doméstico significó el 20-22 del PIB; el ahorro corporativo entre el 10-15%; y el ahorro gubernamental del 03 al 08%. Va del 33 hasta el 45% del PIB.”

Bolsas de Valores que acotan al capital
Entre los elementos capitalistas que han sido introducidos en estos años, están las Bolsas de Valores. Instaladas en Shanghai y Shenzhen, Manel Ollé les ve un “pero” a las 1,500 empresas estatales que cotizan en ellas, porque lo hacen “con un máximo de un tercio de su capital negociable, y los otros dos tercios controlados por el Estado.” Camilo Ruiz Tassinari afirma que es el Estado el que se apodera de la mayoría de las ganancias de las empresas:

Si se suman los totales de capitalización bursátil de las dos Bolsas de Valores chinas tenemos un total de $265.82 billones de dólares (2008), mientras que el total de la Bolsa de Valores de Hong Kong es de 212.88 billones y la de Tokio, mucho más elevada, de 392.5 billones. Sabemos que la economía china es la más grande del mundo y es sólo rebasada por la economía americana. Pero, curiosamente, el valor combinado de ambas Bolsas de Valores es mucho más pequeño que el de la de Tokio (y eso sin considerar a las otras cinco bolsas japonesas más pequeñas). Este hecho por sí mismo indica que, de entre las enormes ganancias de las empresas chinas, sólo una parte relativamente pequeña es puesta a la venta en las Bolsas de Valores y, en consecuencia, es sujeta a las leyes del mercado financiero. La mayoría de las enormes ganancias de las compañías chinas van a las arcas del Estado y, eventualmente, son reinvertidas a través del gasto público.”

Proteccionismo a través del reminbi
León Trotsky aconsejaba al país obrero monopolizar el comercio exterior para evitar que las mercaderías extranjeras, producidas a más bajos costos, la destruyan. La RPC carece de este mecanismo y el ingreso a la OMC la ha obligado a reducir drásticamente las barreras tarifarias. Pero el hecho de que mantenga a su moneda, el reminbi, como no comerciable, es decir, que no puede ser convertido a las monedas extranjeras, protege sus principales flancos económicos:

Una ventaja que el Gobierno ha disfrutado desde 1978 es que el reminbi se mantiene como una moneda no comerciable. Esto actúa como una importante muralla de fuego, protegiéndola del incremento de la apertura económica. Esto también posibilita a las autoridades controlar el valor del reminbi contra otras monedas, lo cual ha sido importante para asegurarse de que las exportaciones chinas sean competitivas.

La no convertibilidad de la moneda china –también llamada yuan- no es un asunto menor y así lo consideran las autoridades estadounidenses, para las cuales es uno de los mayores puntos de fricción con China. En los EU, es un punto de debate nacional, con una amplia franja de legisladores y de la opinión pública que claman contra el yuan barato que, dicen, ha provocado la desindustrialización en Norteamérica, la pérdida de empleos y la existencia crónica de un elevado déficit comercial ante la nación asiática. Desde hace años exigen que el reminbi se convierta en una mercancía, que dependa de la oferta y la demanda (se calcula que está artificialmente devaluado entre 30-40%).

El poderoso sector privado 
En estos años se ha creado un sector privado, netamente capitalista, que obtiene altas cuotas de plusvalía, elevadas ganancias y emplea a un considerable número de la fuerza de trabajo. Aunque buena parte de este capital viene del extranjero, otro tiene ya expresión local.
“Actualmente las firmas extranjeras son responsables de arriba del 60% del total de exportaciones chinas, y dominan las exportaciones de alta tecnología con alrededor del 85%.....” Sólo en las zonas francas en la Costa este, donde están asentadas miles de fábricas de capital privado, emplean a 20 millones de trabajadores. Según el Boletín Laboral Chino, el número de trabajadores en empresas privadas en áreas urbanas fue de 69.1 millones en 2012, menos del 10% de la fuerza de trabajo china- agregamos nosotros- que es de 767 millones de personas.

La burguesía dentro de la RPC
En los últimos 15 años se ha creado un sector social burgués, dueño de medios de producción y de fortunas. Interesa calcular su número, peso económico y dinámica. Según el Informe sobre la fortuna de Asia y el Pacífico, publicado por Merryl Lynch y Capgemini en 2008, “el número de personas que poseían más de un millón de dólares, en activos netos sumaban 364,000, la cuarta cifra más alta del mundo, mayor incluso que la del Reino Unido. Al mismo tiempo, es cuantioso el número de ciudadanos cuyos ingresos anuales sobrepasan los 150,000 yuanes (25 mil dólares), cercano a los 76 millones.
De acuerdo con otra fuente, y con datos un año o dos años más recientes, existen 11 millones de millonarios en el mundo (personas que tienen más de un millón de dólares, aparte de su residencia), de los cuales 3.104 millones están en EU y en China hay 562 mil. Brasil tiene 165 mil. En México, según WealthInsight, hay 145 mil millonarios. Otra fuente sostiene que en 2009 en los EEUU había 7.8 millones. La burguesía china, en un país con una economía que tiene un volumen casi tan grande como la estadounidense, es seis o doce veces menor que la yanqui. Su peso social es todavía muchísimo menor, si consideramos la población. Para tener el peso de la norteamericana, el empresariado chino tendría que alcanzar un número de entre 13-27 millones. Pero, recordamos, apenas son medio millón. Es razonable lo que dice el argentino Juan Chingo, que apreció en 2007 que en China no existía todavía una burguesía como clase social dominante.

Algunas dificultades y barreras para el desarrollo capitalista
Enunciaremos sólo algunas barreras para la restauración capitalista:

* El Gobierno prohíbe la inversión privada en la mayoría de las áreas económicas estratégicas.
* Falta de mercado unificado. En un artículo publicado en China hoy, dirigido a los empresarios, con el objetivo de que no se retiren de China luego de que se han incrementado considerablemente los salarios, se les explica, a modo de justificación que:

Todavía no se ha creado un mercado unificado que comprenda todas las regiones administrativas y aún existen barreras que impiden el flujo de factores económicos tales como los trabajadores o el capital. Las redundantes intervenciones administrativas restringen el crecimiento económico. La insuficiente continuidad y estabilidad de las políticas de China reduce la capacidad del Gobierno para orientar correctamente a los agentes del mercado.

*Empresas efímeras. Un gran problema para las empresas privadas es el financiamiento, debido a que los bancos estatales prestan muy poco o casi nada a las pymes. Las autoridades recientemente prometieron permitir la apertura de bancos privados que atiendan a ese “nicho de mercado”. De acuerdo con la Federación Nacional de Industrias y Comercio de China, las empresas privadas, en promedio, no llegan a cumplir más de tres años de existencia, y sólo el 15% supera los 15 años.

China hoy explica que la salida de algunos de empresarios de Wenzhou, se debió “a la subida de los costos de las materias primas, problemas con la cadena de capital y la solicitud de créditos”. Afirma que “los inversores no tienen dónde invertir y se dedican a la especulación en bienes raíces, carbón o verduras…”

China carece, entonces, de las características de un país capitalista.


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