EL SOCIALISTA 389

LA LLAMA VIVA

LA LLAMA VIVA

martes, 27 de septiembre de 2016

México. “Escribir en las piedras con tinta de la misma vida”

Reseña del libro “La guerra que nos ocultan”


LA ASAMBLEA
Por Genaro Flores
26 de septiembre 2016
El título de este texto son palabras escritas por  Julio César Mondragón, estudiante de la Normal de Ayotzinapa asesinado en  Iguala, Guerrero la noche del 26 de septiembre del 2014 , igual que sus compañeros Julio César Ramírez Nava y  Daniel Solís Gallardo.

Cuando las escribió, no supo que las  estaba tatuando en la Historia y en el  corazón de todo México.

Es conmovedor que aquella noche trágica, Julio César  Mondragón  pudiendo abandonar a sus compañeros no lo hizo. En versos inmortales  décadas atrás Cesar Vallejo había descrito hombres de ese temple “solía escribir con su dedo grande en el aire: "¡Vivan los compañeros  para siempre!”,

El libro La Guerra que nos ocultan es una investigación periodística, punzocortante como  un bisturí  que disecciona al estado mexicano  desde el  pellejo hasta los entresijos,  abriéndolo en canal  para  exhibirlo tal como es, sin ambages ni eufemismos:  una dictadura burguesa militarizada , delincuencial, mediocre, sórdida, criminal,  servil al gran capital extranjero y a la oligarquía nacional; y además, un estado asociado al crímen organizado ( los tiranos siempre han hecho  alianzas con los asesinos, los lumpen, los  que se encargan de hacerles “el trabajo sucio”.)

El  estado  libra desde hace décadas una guerra desigual  contra el pueblo de México porque esa es la geopolítica neoliberal diseñada desde Washington por la CIA  para toda América Latina con el propósito de sofocar las  rebeliones populares generadas por la miseria creciente y la explotación infrahumana de millones de seres humanos,  que son  despojados de sus territorios, ricos en minerales, metales preciosos y  agua.

Los autores del libro  llegan a la misma conclusión: “¿está México en guerra?  Aunque el gobierno rechaza los señalamientos de un conflicto armado, las evidencias dicen lo contrario: en el país predomina una violencia muy parecida a una guerra civil en diferentes estados y varios frentes, al tiempo que se pretende minimizar (reprimir) sistemáticamente el desorden social ….con la Marina y el Ejercito en conjunción con las policías federal y estatal"
.  (p. 12 y sig.)

La investigación periodística demuestra que los crímenes de la “noche de Iguala”  fueron perpetrados  por la policía municipal, bomberos y elementos de Protección Civil, de Iguala y de Cocula, trabajando en  equipo con sicarios  del  narco  en un operativo diseñado y coordinado por el ejército mexicano: “ ora si se toparon con la mera verga, hijos de la chingada”, les dijeron los militares a los muchachos; a los 43 que desaparecieron y a los que vivieron para contarlo.

El libro demuestra palmariamente que lo sucedido la noche de Iguala  fué un crimen de estado cometido por el  gobierno mexicano, permitido desde las más altas esferas del poder, mismas que quisieron cubrirse las espaldas  fabricando la tristemente célebre “verdad histórica” que incriminó a los muchachos de Ayotzinapa  diciendo que lo sucedido fue un pleito entre narcos, porque algunos de ellos estaban “metidos en el crimen organizado”.

A Julio Cesar Mondragón le desollaron la cara y le sacaron los ojos. Uno de sus asesinos le robo su teléfono celular y lo estuvo usando durante meses. Los autores del libro ubicaron los lugares desde donde se hicieron las llamadas: el asesino es asiduo de instalaciones militares y de inteligencia. Todas las llamadas salieron del Campo Militar número 1A  y /o de las instalaciones del CISEN. De pasada, le investigación periodística encontró que el asesino también utilizó el teléfono para intimidar a luchadores sociales del Estado de Guerrero.

De los 43 estudiantes desaparecidos sigue siendo un misterio su paradero. Sus restos no han sido localizados. Algunas voces del pueblo los creen vivos, alzados en la Sierra de Guerrero; “se juntaron con la guerrilla”, dicen. Otros los ubican esclavizados por el narco, trabajando en los campos de adormidera…….

¿Por qué la violencia demencial, psicopática, contra  Julio Cesar Mondragón y sus compañeros, unos jóvenes estudiantes desarmados, y contra civiles que  tuvieron la desgracia de  pasar por el escenario del operativo militar en el peor momento?

El desollamiento de Julio César , el asesinato de civiles y estudiantes de Ayotzinapa  y la desaparición de los 43 estudiantes es un mensaje para aterrorizar  y desalentar las luchas populares en general ,y  las luchas de aquellos que en defensa del agua y del medio ambiente enfrentan a las mineras canadienses, en particular: “ los cárteles del narcotráfico se han convertido, a sangre y fuego en los grandes protectores de los corporaciones mineras internacionales.”  (pag. 152)
(…)
“En Guerrero, pero también en el resto del país, donde se asientan las supermineras está el Ejército como preludio de la llegada o reforzamiento del crimen organizado. Y aunque las compañías entregan sumas millonarias a los ejidatarios, son migajas comparadas comparadas con lo que se llevan.”

“Ni siquiera el negocio del narcotráfico es tan rentable como el de la minería. Ellos, los cárteles, encontraron en las mineras no una fuente más para extorsionar, sino algo mejor: se sacaron la lotería porque lo que hallaron fue un aliado invisible y poderoso, con la misma fuerza o más que la de un Estado, que está dispuesto a pagar lo que mejor saben. El oro, el titanio, el uranio y el agua se extraen con un costo de miles de muertos, pero también exige una cuota sangrienta de la pulverización social, de la criminalización de grupos sociales opositores al despojo de tierras y a los abusos”.

Las serranías del Estado de Guerrero son inmensos yacimientos de oro, titanio, plata y uranio. Hasta el año 2013 había en México 26 mil concesiones mineras que ocupan 30 millones de hectáreas.

Las mineras canadienses obtienen ganancias fabulosas del suelo de Guerrero.

“la riqueza que genera la minería no se queda en México, aunque parezca derramarse sobre pobladores y tierras. Funciona al revés. Las mineras han llevado a donde llegan devastación y muerte para dejar al final una pobreza más profunda y aguda que la que encontraron”
(…)
“En Guerrero y el sur mexiquense están las mayores compañías extractoras del mundo, como las canadienses Teck Cominco y Torex Gold o la mexicana Peñoles….”

Pletórica de datos duros acerca del saqueo nacional de oro, titanio, plata y uranio que hacen las compañías mineras, sobre todo canadienses, las cuales  pagan en renta al erario público $7 (siete pesos) por hectárea al año, el libro La Guerra que nos ocultan se vuelve un imprescindible, un libro de lectura obligada para comprender a fondo la naturaleza depravada de un sistema político que se ha convertido en el enemigo público número uno de los mexicanos, y al que es preciso derribar para construir una república gobernada por los de abajo, por los trabajadores, los indígenas, los campesinos y el pueblo empobrecido.