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martes, 20 de septiembre de 2016

Oaxaca, México. «Ya cayó el de rojo». Sobre el asesinato de Yalid Jiménez en Nochixtlán



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19 septiembre, 2016/0 
Recientemente, en el noticiero de Ciro Gómez Leyva, se transmitió un video sobre los hechos ocurridos en Asunción Nochixtlán, Oaxaca el pasado 19 de junio. En él, se aprecia a policías estatales disparando hacia los manifestantes. También se ha identificado pleamente a José Luis Lazo Sánchez, coordinador de proyectos y despliegue de la policía estatal de Oaxaca; y, junto a él (se aprecia en la fotografía tomada desde el lugar donde fue herido de muerte Yalid), se encuentran elementos de la Gendarmería apuntando sus armas largas. Desde ese punto, dieron muerte a tres personas, quienes cayeron baleadas una al lado de la otra; una fue Yalid Jiménez.

En el video se pueden escuchar algunas frases dichas por policías estatales mientras le disparaban a la población civil; una es: «¡al de rojo!». Segundos después, se escucha otra: «ya cayó el de rojo, eh!». Ese día, Yalid Jiménez (el de rojo), así como miles de habitantes de toda la región mixteca, acudieron a apoyar la lucha magisterial popular. Como decenas de pobladores de la región, él estaba ayudando al resguardo y cuidado de los heridos. Fue a las 11:25 am del 19 de junio, cuando después de las detonaciones de armas automáticas de la policía estatal, cayeron heridos Jesús Cadena Sánchez y Anselmo Cruz Aquino. Yalid, quien estaba frente a los hechos, acudió a auxiliar a los dos pobladores que fueron baleados, segundos después, él mismo fue alcanzado por la metralla que lo hirió de muerte.

Debido a que la policía estatal continuaba disparando en contra de quienes se encontraban en el lugar, no fue posible auxiliarlo inmediatamente, sin embargo, al ver que la ráfaga no daba tregua, algunos hombres arriesgaron la vida y corrieron entre los zumbidos de las balas para sacar al herido del lugar; fueron cinco minutos en que «el de rojo» permaneció tirado. Las palabras de quienes lo auxiliaron le pedían «¡Aguanta carnalito, aguanta!» «¡no te duermas!»; él solo balbuceaba pidiendo ayuda.

Así como Yalid, ese día, muchas personas que auxiliaron a los heridos, fueron también muertos o heridos. Yalid Jiménez (el de rojo), servía a su comunidad, tenía el cargo de Regidor de Salud en Santa María Apazco, un municipio regido por usos y costumbres cercano a Nochixtlán,  sus vecinos lo eligieron por su trabajo comunitario y por su solidaridad para con la comunidad, esa misma solidaridad lo llevo aquel día a Nochixtlán, esa misma solidaridad lo llevo a auxiliar a los heridos, donde fue alcanzado por las balas de las fuerzas policiales.

A tres meses de estos hechos, y a pesar de las distintas pruebas contundentes que evidencian lo ocurrido en Nochixtlan, no hay una sola persona procesada por estos hechos, ni siquiera se han hecho las diligencias pertinentes en el lugar. «El de rojo», quien ese 19 de junio fue un blanco para la policía, así como las otras diez víctimas fatales y una centena más de heridos, siguen esperando que las instituciones que se supone deben impartir justicia, hagan lo correspondiente; que los autores materiales e intelectuales respondan por lo ocurrido ese día, que la masacre de Nochixtlán no quede impune… Que la «verdad histórica» no se repita una vez más.


Los testimonios

Fragmento de «Nochixtlán: la versión de las víctimas» publicado por Eliana Gilet en Somos el medio.

Yalid llegó al lugar acompañado de otro miembro de su familia, quien se reserva la identidad como medida de protección. Su relato: «Yalid me llamó para que fuéramos a buscar a su papá, que estaba en la lucha. Como a las diez de la mañana ya estaban los helicópteros, se pedía auxilio por todos los medios, por las radios, la iglesia. Venía bajando del lado norte del pueblo cuando vi el despliegue. Tenía dos llamadas perdidas de Yalid en el teléfono y algunos mensajes de whatsapp. Cuando llegué a su casa, ya me esperaba en la puerta. Disculpen si dudo en el relato, es que lo que vivimos me dejó traumado».

«Recuerdo que fuimos a la tienda en busca de coca-cola, que ayuda para los gases lacrimógenos y de agua. Compramos cinco botellitas de 600. Fuimos cuatro o cinco personas, entre ellas dos mujeres de la familia. Ellas se fueron al hospital, que [está] hacia el lado del panteón y nosotros nos acercamos a donde estaba la gente en el puente. Vamos a buscar a ver a mi jefe, decía Yalid».

Empiezan los disparos. «Al principio, todos teníamos la esperanza de que fueran balas de goma, hasta que escuchamos las ráfagas y nos dimos cuenta de que no. Había gente por todos lados, avanzaban y retrocedían».

Yalid logró cruzar el puente hacia el lado izquierdo, como unos 50 metros. «Yo le gritaba “¿a dónde vas chingada madre? ¡Está muy peligroso!”, pero por el ruido él no me oía, hasta que lo alcancé en un momento en que se detuvieron las ráfagas de metralla».

En el descampado, del lado izquierdo del puente, mirando hacia el puente, de espaldas al pueblo, hay unas 15 o 20 personas dispersas. «Nos tiramos al suelo en la barranca de tierra que hay. “Malditos asesinos, si viven de nuestros impuestos”, recuerdo que alguien gritaba. Vimos entonces que había un grupo de federales dispersos ahí, cuatro o cinco policías, que si estaban a 150 metros de nosotros es mucho. Nos tenían en la mira y empezaron a dispararnos. A Yalid le dieron el primer balazo en la pierna. Cuando llegué a él para ayudar a jalarlo del lugar del ataque, le dieron el segundo balazo en ese momento». Yalid Jiménez Santiago moriría con cuatro balas de arma de fuego, de la policía, en el cuerpo.

«Él gritó, “ya me chingaron, corre” y recuerdo cómo se agarró el estómago y se dobló. Cuando me aparté de él, le dieron el tercer tiro en el piso».

Otros de los vecinos que estaban en el bloqueo se acercan y logran recuperar su cuerpo que se desangra. Lo trasladan. Cuando el testigo logra comunicarse con la madre, porque las líneas de teléfono no funcionaban, le dicen que están en la funeraria.

El testigo relata cómo los taxistas del Frente Democrático Popular, del sitio Asunción de María y del sitio Bicentenario, llevaron a todo el que lo necesitara sin cobrar un peso. Mientras que «los taxis amarillos y azules, más de cien móviles, se escondieron cuando empezó la balacera».

«En la funeraria en que estaba Yalid había cinco fallecidos y supimos que en otra había otra persona más. Más tarde ya eran ocho, eran diez. El jueves, llevábamos contando 13 personas asesinadas, incluyendo a dos de los que no se tiene identificación».

Otro de los primeros en ser asesinado en la barranca junto al puente “La Comisión” –que cruza por encima de la carretera federal y da acceso a Nochixtlán–, fue Anselmo Cruz Aquino, de 33 años, originario de Tlaxiaco. Su hermano José Luis estaba junto a él cuando fue asesinado.

«El balazo le entró por la boca y le perforó el pulmón. Estaba pecho a tierra, cubriéndose de las ráfagas. En ese momento ya no era un plantón, era pura represión, porque los federales habían avanzado y ya estaban entrando en la población. Todo mundo se dispersa, corre, se escuchan los balazos. Cuando te tiras al suelo, te das cuenta que están los francotiradores, porque los balazos vienen de lugares específicos, de lugares altos».

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