jueves, 6 de octubre de 2016

MÉXICO. EL PRESIDENTE MÁS IMPOPULAR EN DÉCADAS



Carabina 30-30
6 de septiembre 2016 
¿Por qué seguir siendo gobernados por un presidente reprobado por 3 de cada 4 mexicanos?

La enorme mayoría de mexicanos reprobamos a Peña Nieto: las encuestas, las elecciones, las incontables protestas, manifestaciones y movimientos sindicales y populares, las redes sociales, lo dicen todos los días. Están por venir los drásticos recortes al gasto gubernamental. Habrá menos dinero para obra pública, salud, educación, becas, salarios, empleos… 2017 será un año de más carencias y estrecheces.

Y todavía le restan dos años a esta administración. Los mexicanos carecemos de un mecanismo para revocar el mandato del presidente, para despedirlo. En otros países puede hacerse a través de un referéndum mediante el cual las personas acuden a votar si sigue o no en funciones, o los legisladores pueden decidir su destitución. Pero la precaria democracia burguesa mexicana aún no da para eso. Todavía peor, la duración de la gestión presidencial es demasiado larga, seis años, cuando en la mayoría de países es de cuatro, lo que es más democrático.

Sólo nos queda atenernos a los derechos constitucionales a la rebelión, la asociación y la manifestación, es decir, a la lucha en las calles. Ésta ya existe, aunque lo deseable es que abarque a más sectores sociales y que éstos, además de sus reivindicaciones económicas y sociales demanden también la salida de Peña Nieto.

No es suficiente con la dimisión o sustitución del presidente. Peña Nieto ha cometido crímenes graves que exigen sea llamado a cuentas. La Casa Blanca, la obstrucción a la investigación sobre los desaparecidos de Ayotzinapa, y tantas otras atrocidades en las que tiene responsabilidad, exigen ser ventiladas judicialmente. Sólo así podrá combatirse seriamente la impunidad y la justicia podrá empezar a sentarse a la mesa de los mexicanos.

La crisis política de la burguesía es mundial

La crisis en el gobierno de Peña Nieto es parte de un proceso internacional, en el que las burguesías pierden fuerza y entran en graves conflictos para dominar. Ha quedado en el pasado el triunfalismo empresarial luego de la desintegración de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín. En los años 90s parecía que el imperio norteamericano quedaba como el único gran poder mundial y el capitalismo como el sistema económico indiscutido.

Pero la crisis llegó también al capitalismo, en 2008, no amaina y ya es evidente que también hiere a los gobiernos burgueses, sean de derecha o de “izquierda”. Según un ideólogo conservador, Moisés Naím, estamos presenciando “el fin del poder”, título de uno de sus libros: “desde que estalló la crisis financiera de 2008, proliferaron los gobiernos caídos, los gabinetes deshechos, las coaliciones desgarradas, los ministros despedidos y los líderes políticos que antes eran intocables y que repentinamente se vieron obligados a dimitir.”

En El País semanal, publicación de Madrid representativa de la socialdemocracia europea, perciben que“estamos en una nueva era en la que las viejas instituciones, estables durante décadas, han empezado a derrumbarse. El siglo XXI ha desdibujado el viejo orden mundial. Fallan los gobiernos, se derrumban las instituciones que permanecieron estables durante décadas y capitulan las grandes compañías ante las turbulencias económicas. Las sociedades exigen transparencia. La economía global afronta altos márgenes de volatilidad.” (Quino Petit, 18/09/2016).

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