jueves, 20 de octubre de 2016

MÉXICO. TOTALMENTE TÓXICOS, TOTALMENTE IMPUNES: LOS MAGNATES MINEROS LARREA, BAILLERES Y SLIM



CARABINA 30-30
Aidée Tassinari
octubre 2016
Germán Larrea, dueño del Grupo México, debería estar en la cárcel por los daños causados a miles de personas y al ecosistema de los ríos Bacanuchi y Sonora por el derrame de tóxicos de su mina Buenavista del Cobre, ocurrido el 4 de agosto de 2014. A dos años del desastre ambiental más severo provocado por la minería a cielo abierto en México, las consecuencias están claras. El Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México realizó un estudio en la zona y encontró “la existencia de daños a los ecosistemas, a la población y socioeconómicos, los cuales no reparó ni indemnizó la empresa”.

Las evidencias de la contaminación que provocó el derrame de 40 mil metros cúbicos de lodos tóxicos sobre el río Bacanuchi, las proporcionaron 7500 muestras tomadas en 580 lugares a lo largo de los afluentes del río, así como las quejas de los habitantes de la zona. Cerca de 20 mil personas resultaron afectadas. Hay concentraciones de metales pesados como aluminio, hierro y manganeso “que rebasan los límites permitidos” en aguas, suelos, plantas, fauna silvestre y doméstica y personas. Esto significa que mueren árboles ribereños, peces y  animales; que los lácteos, frutas y verduras producidos en la zona tienen altas concentraciones de estos metales, lo que afecta la salud de las personas que los consumen y la de los productores.

La empresa mintió en diciembre de 2014 al afirmar que se “atendieron y corrigieron todos los daños”. El estudio citado evidencia exactamente lo contrario. Las autoridades judiciales y ambientales a nivel federal se abocaron a proteger al Grupo México tan pronto como se dio a conocer el derrame. Nunca lo acusaron por negligencia industrial. Se conformaron con que Grupo México creara un fideicomiso de 2500 millones de pesos para atender la emergencia. Hicieron una limpia superficial y dieron agua potable a la gente pero no se ha realizado una remediación de los daños ecológicos y de atención a la población afectada. Y no se realizará porque ese sí sería un gasto mucho mayor. Recuperar las condiciones químicas, físicas y biológicas de los ríos Bacanuchi y Sonora e indemnizar a la población afectada es una inversión no rentable para el empresario depredador.

Germán Larrea tiene un negro historial de denuncias por violación al derecho a la vida por contaminar territorios. También en Perú se le conoce porque sus concesiones mineras han contaminado lagos y los desechos llegan hasta el mar. En todos los casos cuenta con que los gobiernos lo protegen y miran para otro lado cuando ocurren los desastres. Aún está pendiente la justicia para las 66 familias de los mineros de Pasta de Conchos, mina de Larrea, quienes quedaron sepultados bajo toneladas de carbón.

Igual que Larrea, otros magnates mineros causan desastres ecológicos con los derrames de sus minas a cielo abierto. Los primeros días de diciembre de 2015 ocurrió un derrame de 600 toneladas de lodos con químicos y metales pesados en la mina el Saucito en Zacatecas, concesión minera que goza Alberto Bailleres, propietario del consorcio Fresnillo PLC y accionista del Grupo Peñoles y dueño del almacén Palacio de Hierro. Un año antes, en 2014, en otra concesión del magnate cerca de Caborca Sonora, se derramaron 82 mil litros de una solución cianurada. Fue la población afectada la que dio la voz de alarma. También se han registrado derrames y contaminación de agua y desplazamientos forzosos de comunidades por las minas de Carlos Slim. Son los casos de Guanajuato y Salaverna en Zacatecas, respectivamente. Ninguno de estos empresarios depredadores ha enfrentado a la justicia.

Devastación ambiental

Nunca antes en la historia de la humanidad se conoció una devastación de la naturaleza tan amplia e irreversible como la que produce la minería a cielo abierto para extraer metales preciosos y minerales. Las mineras que operan a cielo abierto contaminan con cianuro y todo tipo de residuos minerales los campos, ríos y mares. Destruyen ecosistemas y tierras cultivables. Cada vez ocurren más “accidentes” ambientales en los que toneladas de lodos contaminados arrasan con comunidades, bosques o ingresan a los ríos.

Los “accidentes” presentan una constante en sus características. Siempre son las presas jales, es decir, enormes pozos de residuos contaminados las que se derraman o rompen. En ellas se acumulan millares de metros cúbicos de los desechos de la trituración de la tierra y la separación de los metales. No se trata de accidentes fortuitos sino del método mismo de separación de los metales. A la fecha, no existe un método que garantice que la acumulación de toneladas de lodo contaminado no se derrame.

A medida que prolifera la extracción de metales a cielo abierto, aumentan los “accidentes”. En 2014, días antes del derrame en Sonora, ocurrió un derrame aún mayor en Canadá. Un torrente de millones de metros cúbicos de lodo contaminado cubrió la zona boscosa de la Columbia Británica. La minera responsable es Metals Corp, que extrae oro, plata y bronce a cielo abierto. En México, cada año se registran centenares de denuncias por derrames tóxicos que contaminan principalmente afluentes que son vitales para las actividades agrícolas y, sencillamente, para la vida de las personas.

La única alternativa posible para evitar los desastres ambientales que cada día ocurren, es la prohibición total de la minería a cielo abierto. Cada vez son más las comunidades y pueblos que se declaran como ¡Territorios libres de la minería a cielo abierto! Con estas declaratorias, los pueblos retan al gobierno federal y a las empresas mineras nacionales y extranjeras. En suma, desafían al capital.

Aidée Tassinari es profesora en la UACM.

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