CAPITALISMO

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lunes, 24 de octubre de 2016

México. Una candidatura bienvenida

     monos de Hernandes La Jornada

La Jornada
Guillermo Almeyra
23 de octubre 2016
La decisión del EZLN y del Congreso Nacional Indígena (CNI) de presentar para 2018 la candidatura presidencial de una mujer indígena con una propuesta anticapitalista y de discutir previamente en los pueblos y comunidades esta propuesta es muy positiva, y este giro político podría sacar a muchos de un abstencionismo estéril o del voto nulo de protesta al que se ven obligados quienes se niegan a optar entre diferentes versiones programáticas procapitalistas.

La candidatura anticapitalista de una indígena pone hoy en primer plano el problema principal que enfrentan los trabajadores y los oprimidos de México y del mundo. Los votantes ahora podrán decidir si desean o no enfrentar la creciente discriminación por género y por etnia o proveniencia; luchar por la igualdad de derechos para todos; combatir la destrucción de las zonas rurales por el gran capital y su política extractiva depredadora; pelear contra la explotación salvaje por los capitalistas que, para aumentar su tasa de ganancia, destruyen las conquistas sociales de más de un siglo, acaban con los derechos laborales, privatizan los recursos naturales que son propiedad colectiva y ponen en peligro de extinción la civilización misma con el recalentamiento global, el envenenamiento de las aguas, así como con la contaminación del aire urbano y de los mares y la destrucción de bosques y recursos pesqueros.

¿A quiénes se dirigen el CNI y el EZLN? En primer lugar, a todos los indígenas del país cuya representación aspiran a obtener. Pero también a todos los demócratas que se oponen al nuevo fraude electoral en 2018.

¿Hay alguien en su sano juicio, en efecto, que crea que se podrán realizar elecciones limpias con el país en guerra y ocupado militarmente, con decenas de miles asesinados por año, con el monopolio de los medios electrónicos y el cuasi monopolio de la prensa por las grandes empresas proimperialistas, con una educación controlada con criterios policiales y por funcionarios oscurantistas? ¿Alguien puede creer sinceramente que porque va primero en las encuestas saldrá vencedor de las urnas y, sobre todo, le darán la presidencia?

La candidatura en una mujer indígena con un programa anticapitalista sale a reforzar el campo de los que en las urnas no pueden ganar –o sea Morena y todos los oprimidos–, pues llama a discutir, a organizarse desde abajo, a apoyar los movimientos sociales, a concientizar la sociedad y a no depender exclusivamente de la colocación de un papelito en una caja. No hay contradicción entre la lucha de masas y de clases cotidiana contra el capitalismo y la participación en las elecciones, a condición de llevar a éstas –se venza o no, respeten o no los resultados electorales– una política que sirva a los explotados para tomar conciencia de su condición, que les abra caminos y les muestre una alternativa, que eleve su autoconfianza y espíritu de lucha, que cree un abismo entre ellos y los partidos e instituciones defensores de los explotadores nacionales y extranjeros.

Menos de uno de cada cinco mexicanos es indígena y, entre esa minoría predominan los campesindios, los menos letrados y más necesitados. Es probable, por tanto, que muchos vendan su voto al PRI o al PAN, sigan a un caudillo vendedor de ilusiones o se abstengan, como muchas veces lo han hecho. Una buena parte del electorado potencial, además, está en Estados Unidos sufriendo discriminaciones y abusos y corriendo el riesgo de ser deportado porque nadie en México, ni en el gobierno ni en Morena, se preocupa por organizarlos y convertirlos en una poderosa fuerza antimperialista y anticapitalista en las entrañas mismas del Monstruo.

Morena, en el caso de que las encuestas favorables tengan razón, no puede atraer a la parte activa que se abstendrá por razones radicales ni a la mayoría pasiva que normalmente no vota por repudio a los partidos del capital o por falta de esperanzas, ignorancia y pasividad o porque sufragar le resulta muy caro y difícil. Si se presentase, como es de esperar, la candidatura de una indígena, ésta podrá movilizar a muchos de los que actualmente no votan y obligará a López Obrador a respetar más los deseos de la gran mayoría de militantes o simpatizantes de Morena, a ir más a la izquierda, a buscar la unidad en las luchas con el EZLN y los movimientos sociales, aunque mantenga sus diferencias programáticas y electorales. La candidata indígena aumentará el número de votantes contra el régimen y el sistema y dará huesos y nervios más sólidos a la oposición más tibia.

Por fortuna, el EZLN y el CNI nunca estuvieron subordinados a Marcos-Galeano, ni Morena es sólo AMLO más una dirección que mayoritariamente cree posible reformar al capitalismo y que los cerdos aprendan a volar. Sus simpatizantes son el sector más politizado, sensible y pensante de un país donde impera un gran atraso político y cultural: hay que confiar en que esos millones de trabajadores, jóvenes, estudiantes y campesindios encuentren puntos comunes por los cuales luchar sin esperar a 2018, así como puntos programáticos que sacarán al debate de las estériles sospechas y acusaciones.

Es la hora de la eliminación de los sectarismos si queremos salvarnos y salvar al país de los desastres que de otro modo vendrán. Es posible formar una coordinadora de luchas, con el EZLN y el CNI, los maestros, los demás movimientos sociales, los partidos y grupos de la izquierda revolucionaria y las fuerzas agrupadas en un intento precursor, la OPT.

Es la hora de marchar juntos y de golpear al mismo enemigo, cada uno con su propio martillo. Los errores pasados necesitan una autocrítica para no repetirse, pero también es válida la frase de Lenin cuando le reprochaban haber adoptado el programa para los campesinos de los social-revolucionarios, que antes combatía: "Ayer era más tonto que hoy". A nadie se le puede negar el derecho a ser menos tonto

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http://www.jornada.unam.mx/2016/10/23/opinion/017a2pol