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viernes, 11 de noviembre de 2016

Donald Trump y el cáliz envenenado de la economía de EEUU.


solidaridad
por Michael Roberts
Posted on 11/11/2016 
Lo irónico de la (estrecha) victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos es que el candidato “seguro” de los demócratas, Wall Street y de los estrategas del capital terminó perdiendo. Ahora tienen que enfrentar a un mono con navaja al que tendrán que amarrar de alguna manera.

Trump ha ganado porque un número (apenas) suficiente de personas están hartos del statu quo. Al parecer, el 60% de los votantes, al ser consultados en las cabinas de votación, estimaron que el país “está en un camino equivocado” y dos tercios estaban hartos y enojados con el gobierno de Washington – justo lo que personifica Clinton.

Al igual que con el voto de los británicos por el Brexit, en contra de todas las expectativas, un número suficiente de votantes en Estados Unidos (principalmente blancos, mayores y de pequeñas empresas o bien trabajadores de industrias fracasadas de los estados centrales más pequeños de Estados Unidos) han superado el voto de los jóvenes, más educados y de mejor situación en las grandes ciudades. Pero hay que recordar que votó apenas un poco más del 50% de los votantes habilitados. Una gran cantidad de personas no vota nunca en las elecciones estadounidenses y constituyen una parte considerable de la clase obrera.

Y lo que es más significativo, la cuestión más importante para los votantes, cuando se les preguntó en los locales de votación, era el estado de la economía estadounidense (52%); estando el terrorismo en el segundo lugar (pero muy por debajo, en el 18%) y la inmigración (la carta de Trump) en un porcentaje aún menor. Trump ganó porque afirmó que podría mejorar las condiciones de aquellos “que han sido dejados atrás” por la globalización, que hizo fracasar a las industrias nacionales y aplastó a las pequeñas empresas. Naturalmente, Trump es un multimillonario y no tiene ningún interés real en mejorar la suerte de la mayoría, ni alguna idea de cómo hacerlo. Pero la rabia contra el establishment fue suficiente (apenas) para que un hijito de ricos, un tipo egoísta, misógino y depredador sexual como él ganara las elecciones.

Pero todavía se trata de la economía, estúpido. Trump está recibiendo un cáliz que va a tener que beberse: el estado de la economía estadounidense. La economía de Estados Unidos es la economía capitalista más grande e importante. Desde la Gran Recesión del 2009, es una de las economías grandes que ha tenido mejor rendimiento. Pero su desempeño económico, aún así, ha sido aún triste. El crecimiento real del PIB per cápita ha sido de apenas un 1,4% al año, muy por debajo de los niveles previos al colapso financiero mundial del 2008. Es la historia de la recuperación económica más débil desde la crisis de la década de 1930.

El FMI ahora espera que la economía de los EEUU se expanda solamente en un 1,6% este año. Y los economistas de la Reserva Federal de EE. UU. están pronosticando un crecimiento del 1,8% anual en el futuro previsible. Y todo esto suponiendo que no habrá ninguna recesión económica más.

La opinión de la mayoría de los economistas es que una recesión en EE.UU. es poco probable y que la economía va a repuntar el próximo año. En efecto, el presidente de la Reserva Federal, Janet Yellen (cuyo cargo está ahora en peligro), estima que la economía de Estados Unidos “está en el camino de una mejoría sostenible”. El argumento es que el costo de los préstamos es cercano a cero, que el gasto del consumidor estadounidense sigue siendo robusto, que el mercado de la vivienda se está recuperando y las ventas al por menor siguen circulando.

Pero lo que es importante para la salud de una moderna economía capitalista no es la facilidad o el costo del endeudamiento, sino el nivel y la dirección de la rentabilidad del capital, las ganancias empresariales totales y su impacto en la inversión empresarial. Cuando cae la rentabilidad, los beneficios totales de las empresas también caen y luego, algún tiempo después, la inversión empresarial se tiende a contraerse. Cuando eso sucede, pronto se produce una recesión económica. En el período de post-guerra, una caída sostenida de la inversión empresarial llevó a la economía a caer en todas las ocasiones, mientras que el consumo personal se mantenía más o menos estable, contrayéndose éste último sólo una vez que la depresión ya estaba en marcha.

Y la rentabilidad de las empresas estadounidenses está cayendo. Según economistas del banco de inversiones JP Morgan, los beneficios corporativos de Estados Unidos disminuyeron un 7% con respecto a los niveles del año pasado. Sobre esa base, estiman que “la probabilidad de una recesión comience dentro de tres años es de un sorprendente 92%, y la probabilidad de lo haga en un plazo de dos años es de un 67%”. Además, la Reserva Federal está planeando elevar la tasa de interés justo después de las elecciones, porque afirma que la economía está volviendo a ‘la normalidad’, aumentando a su vez el riesgo de desencadenar una caída – aunque la victoria de Trump pueda postergar eso mientras los mercados bursátiles se desploman.

¿Y cuál es la solución de Trump a todo esto? Sus propuestas económicas se reducen a reducir los impuestos, reducir el gasto público y gravar las importaciones para “proteger” los empleos estadounidenses. Los principales beneficiarios de esas reducciones de impuestos serán los más ricos. Con Trump, la mayoría de la población verá sus cuentas de impuesto sobre la renta reducidas cerca de un 7%, pero los ahorros para el 1% más rico serían de un 19% de sus ingresos. Para equilibrar el presupuesto federal, el gasto fiscal tendría que ser reducido en un 20%, lo que afectaría el bienestar, la educación y la salud. Aumentar los aranceles a los productos extranjeros e imponer sanciones punitivas a China y México, los dos mayores socios comerciales de Estados Unidos, terminará por elevar los precios y por provocar represalias.

En otras palabras, el próximo presidente de EEUU se enfrenta a una situación peor que la de Obama en 2009 ante la profundidad del colapso financiero mundial. Esta vez no hay manera de evitar una caída por la impresión de dinero o recortando las tasas de interés; ni aumentando el gasto público cuando la deuda del sector público ya se ha duplicado hasta el 100% del PIB. Esos instrumentos de política económica ya se agotaron. Van a tener que beber de ese cáliz.

Traducción de Carlos Wagner

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http://www.periodico-solidaridad.cl/2016/11/11/donald-trump-y-el-caliz-envenenado-de-la-economia-de-eeuu-por-michael-roberts/