jueves, 24 de noviembre de 2016

Historia de México. Explosión de Poza Rica, cacería contra trotskistas



REVISTA CONTRALÍNEA
Mario A Román del Valle*
noviembre 24, 2016 
Uno de los incidentes más impactantes de la historia de Pemex ocurrió en Poza Rica, Veracruz, hace 50 años. La explosión, de resonancia nacional, no sólo acabó con negocios y proyectos, también con una de las corrientes sindicales de, entonces, mayor crecimiento: la de los trotskistas. Sin pruebas, culparon a la disidencia sindical de colocar una bomba y con ello desmantelaron al movimiento obrero

El domingo 14 de agosto de 1966 parecía ser un día como cualquier otro en la que entonces era conocida como “la capital petrolera de México”: Poza Rica, Veracruz. Al mediodía el sol caía a plomo y el calor sofocante del verano se extendía por toda la región. La rutina se rompió abruptamente alrededor de las 13:45 horas, cuando una explosión sacudió violentamente toda la ciudad.

Los reportes oficiales señalaban que todo se originó con una ruptura en una línea de gas (24 pulgadas de diámetro), de alta presión, que se ubicaba en la principal casa de bombas de la refinería pozarricense. El área en donde se produjo el estallido era, justamente, la zona de donde partían los importantísimos oleoductos y gasoductos que iban hacia Azcapotzalco, Madero, Salamanca y Ciudad Pemex, y que, por lo tanto, constituía una zona de altísimo riesgo (1).

En un trabajo elaborado en 2001, documentamos que, “en opinión de varios trabajadores petroleros, desde muchos años antes, la refinería no había tenido un adecuado programa de mantenimiento y reparación industrial, por lo que muchas de sus instalaciones estaban herrumbrosas y en pésimo estado. El accidente, aseguran veteranos obreros, tarde o temprano iba a ocurrir” (2).

(...)

La explosión como excusa represiva

Desde sus propios orígenes Poza Rica había sido un centro petrolero caracterizado por tener, durante más de 30 años, un grupo sindical democrático y combativo (21). Frente a ese grupo sindical disidente, el Estado había promovido el uso de la corrupción, la represión y la imposición de caciques para frenar esa opción sindical contestataria, que se veía como peligrosa para el sistema, pues se requería el sometimiento de los trabajadores en tan vital centro productivo.

Para 1956, ya se había instrumentado una violenta represión (que incluyó asesinatos, encarcelamientos, persecuciones y recisiones de contratos laborales), y que tuvo su momento culminante en la llamada “matanza de Los Goyos”, ocurrida el 6 de octubre de 1958 (22).

Pero la rebeldía de un pequeño grupo de izquierdistas pozarricenses no había concluido aún. Un  selecto grupo de ciudadanos, intentaban todavía mantener una disidencia combativa. Encabezados por el brillante doctor Fausto Dávila Solís, habían formado una célula trotskista en la petrolera ciudad. Y se reunían, clandestinamente, una par de veces al mes. Uno de ellos, el entonces juvenil abogado Genaro Jonguitud Lara se había convertido en un asesor jurídico de los sindicalistas petroleros democráticos.

El propio Jonguitud Lara nos cuenta lo que ocurrió en aquel tiempo:

 “Entonces cuando la refinería estalla, ven, como en charola de plata, la oportunidad de meternos en la cárcel. Y más porque yo, 8 días antes, había establecido el suceso: va a estallar la refinería, declaré al reportero Federico Contreras de El Diario, a quien le había denunciado que la refinería estaba a punto de estallar…  Pero por la falta de mantenimiento. Y es que para darle el mantenimiento necesario, la tenían que parar; y no quería eso Reyes Heroles [entonces director de Pemex]” (23).

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Cuando la oposición se pagaba con la cárcel

El viejo sistema político mexicano, haciendo uso de dos palancas esenciales de su funcionamiento, el autoritarismo y la represión, aprovechó aquella oportunidad para cargarle el muertito de la explosión al pequeño grupo de trotskistas pozarricenses.

La policía política priísta encarceló de inmediato a cuatro pozarricenses: los doctores Fausto Dávila Solís y Tito Armando Domínguez, al periodista Víctor Messeguer Grajales y al propio Genaro Jonguitud Lara, acusándolos del consabido delito de “disolución social”, responsabilizándolos de poner una bomba en la refinería (25).

La acusación, después se comprobó, era absolutamente infundada. Formaba parte de la paranoia diazordazista de la era de la guerra sucia, y anunciadora de lo que vendría en 1968.

Al responsabilizar a los izquierdistas, el sistema mataba dos pájaros de un tiro: encarcelaba a un grupo que consideraba peligroso y subversivo; y por otra parte, eximía de responsabilidad a los directivos de Pemex por tan criminal descuido en el mantenimiento y seguridad industrial en la refinería local.

En aquella coyuntura histórica, la corrupción, el autoritarismo, la represión y el control corporativo, así como los actos heroicos y esforzados de los obreros petroleros, formaron parte de una compleja y contradictoria realidad, y son antecedentes innegables (y aún presentes, en buena medida), de los tiempos que ahora vivimos.

ver más:
http://www.contralinea.com.mx/archivo-revista/index.php/2016/11/24/explosion-de-poza-rica-caceria-contra-trotskistas/