sábado, 25 de febrero de 2017

Constitucionalismo soviético (II). De la Revolución de 1917 a la Constitución de 1918

» Viene de la Primera Parte: Constitucionalismo soviético (I). Fundamentos ideológicos
La Revolución de 1917 y la Constitución de la RSFSR de 1918


octubre1917.net
23 de febrero 2017
La situación creada en Rusia por la primera guerra mundial fue el caldo de cultivo de los acontecimientos revolucionarios que, en 1917, acabaron con el Imperio de los zares. En febrero de este año, las tropas se negaron a reprimir las acciones de masas que se habían iniciado en Petrogrado y la protesta se extendió a otras ciudades rusas, así como a las tropas que se hallaban en el frente. Como consecuencia de todo ello, el zar Nicolás II se vio obligado a abdicar y el poder fue asumido por un Gobierno provisional designado por la Duma, el Parlamento de la Carta otorgada de 1906.

Los partidos obreros no protagonizaron esta primera fase de la revolución. El Gobierno provisional fue presidido por el príncipe Lvov, que representaba a los sectores liberales de la Duma y su único ministro socialista era Kerenski. El objetivo de este Gobierno era la celebración de una asamblea que elaborase una constitución en la línea de los regímenes parlamentarios burgueses de Europa occidental. El Gobierno se proponía también continuar con la guerra al lado de los aliados a fin de proteger las fronteras rusas del avance alemán.

Por otra parte, la Revolución de Febrero dio lugar a la extensión de los soviets. Éstos, que se habían creado por primera vez en 1905 a modo de comités espontáneos para la huelga, renacieron en 1917, y aunque fue aumentando su extensión y su importancia como elementos del proceso revolucionario, continuaron siendo, en gran medida, asambleas informales cuyas funciones no estaban claramente definidas. Necesidades de coordinación determinaron que los soviets de base se convirtieran también en unidades electivas, a partir de los cuales se fue construyendo una organización democrática de carácter nacional. En cada nivel se elegían los representantes del nivel siguiente, partiendo de la aldea o de la ciudad, hasta llegar a la constitución del Congreso de Soviets de toda Rusia. Durante este periodo surgió una “dualidad de poderes” en Rusia: por una parte, el Gobierno provisional y, por otra, el sistema representativo de los soviets.

Los soviets, que fueron controlados en principio por los mencheviques y los social-revolucionarios, con una presencia de los bolcheviques minoritaria, comenzaron por apoyar proyectos del Gobierno provisional. Los bolcheviques, por el contrario, sostenían la necesidad de llevar la revolución hasta sus últimas consecuencias y de poner fin a la guerra a cualquier precio.

A partir de mayo de 1917 se incrementó la presencia de los mencheviques y de los social-revolucionarios en el Gobierno. Los bolcheviques se convirtieron entonces en el único partido que no estaba comprometido con la coalición liberal-socialista y que tenía la credibilidad de ofrecer una alternativa de paz inmediata, lo que le permitió ganar una rápida influencia en los soviets.

En el mes de julio fracasó el primer intento del partido bolchevique de alcanzar el poder mediante insurrección, aprovechando la decisión del Gobierno provisional de iniciar una gran ofensiva militar en el frente. La derrota de esta ofensiva provocó una crisis de gobierno y el nombramiento de Kerenski como primer ministro. De nuevo, a comienzos de octubre, el partido bolchevique intentó impulsar un levantamiento revolucionario organizado por el Soviet de Petrogrado bajo la dirección de Trotski. El levantamiento definitivo y victorioso tuvo lugar el 25 de octubre [7 de noviembre según el calendario actual]. Las tropas bolcheviques tomaban el Palacio de Invierno de la capital, último reducto del Gobierno de Kerenski.

La insurrección de Petrogrado coincidió con la reunión del II Congreso de los Soviets de toda Rusia, el cual declaró el paso de todo el poder en Rusia a los soviets. Al mismo tiempo, aprobó la formación de un Consejo de Comisarios del Pueblo (Sovnarkom), que, presidido por Lenin, haría las veces de primer Gobierno Obrero y Campesino, disponiendo de facultades legislativas bajo el control del Comité Ejecutivo Central del Congreso Panruso de los Soviets. El Congreso aprobó también un proyecto de paz con Alemania e inició, con un decreto sobre la expropiación de la gran propiedad agraria, una serie de medidas dirigidas a la nacionalización de los bienes de producción y a la organización socialista de la economía.

La primera constitución socialista del mundo

La nueva estructura de poder soviético tenía, sin embargo, carácter interino, a la espera de su refrendo por la Asamblea Constituyente, que había sido convocada por el Gobierno provisional en la fase burguesa y parlamentaria de la revolución que puso fin al régimen de los zares. Fue precisamente la negativa de la Asamblea a sancionar la Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado, lo que motivaría su disolución por los bolcheviques en enero de 1918.

constitucion-rsfsr-1918Acto seguido, el III Congreso Panruso de los Soviets, celebrado a los pocos días de la disolución de la Asamblea, adoptó la Declaración de Derechos, aprobó la creación de la República Soviética Socialista Rusa “sobre la base de unión voluntaria de los pueblos de Rusia en forma de federación de Repúblicas soviéticas” y encargó al Comité Ejecutivo Central del Congreso que dispusiera la elaboración de un proyecto constitucional. Una comisión elaboró el proyecto, que fue presentado al V Congreso de los Soviets, reunido en los momentos que se iniciaba la guerra civil a raíz de movimientos contrarrevolucionarios en Moscú y otras ciudades rusas y apoyados por la intervención extranjera. El 10 de julio de 1918, el V Congreso aprobó por unanimidad el proyecto de Constitución, incorporando como preámbulo la Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado. Quedaba así aprobada la primera constitución socialista de la historia, la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia de 1918.

En todo este proceso constituyente se reflejó, en primer término, la oposición entre quienes concebían la revolución como un primer avance que debía continuarse en la desaparición del Estado, criticando la Constitución como una manifestación típicamente burguesa; y quienes sostenían, por el contrario, la necesidad inmediata de un fortalecimiento del nuevo poder político. La fórmula resultante fue claramente favorable a los segundos, al reforzar el papel del Estado como medida temporal de transición del régimen burgués al socialista.

Así según la Constitución, su tarea principal era la afirmación de “la dictadura del proletariado urbano y rural y del campesinado pobre”. La dictadura y, en consecuencia, también la propia Constitución, se justificaba como un instrumento provisional “con el propósito de aplastar completamente a la burguesía, de abolir la explotación del hombre por el hombre y de establecer progresivamente el socialismo, en el que no habrá división de clases ni poder del Estado”.

Sin embargo, el establecimiento del socialismo solo era posible, en aquellos momentos, como un fenómeno internacional. De ahí que el carácter provisional de la Constitución se acentuara al afirmar que la federación rusa no era sino el primer paso hacia la victoria completa del proletariado internacional y hacia la formación de una federación mundial de repúblicas socialistas.

La dictadura del proletariado se articulaba en Rusia, según la Constitución de 1918, a partir de los soviets, los cuales existían como ya como organismos populares de la revolución antes de convertirse en órganos constitucionales de poder. En ellos había vislumbrado Lenin, siguiendo el modelo de la Comuna de París propuesto por Marx, el elemento que permitiría construir un nuevo tipo de Estado, en el cual se realizaría la identidad entre gobernantes y gobernados, desapareciendo las diferencias y la separación entre ambos que habían originado el burocratismo burgués.

La Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado y la Constitución así lo refrendaron al declarar a Rusia constituida en República de los Soviets, en cuyo territorio tanto el poder central como el local pertenecían en su plenitud a los soviets de diputados de obreros, soldados y campesinos.

Los soviets se consideraban como el instrumento propio de los trabajadores rusos: lo habían utilizado para la conquista del poder y lo seguían utilizando para disponer de todo el poder en la transición hacia el socialismo. Esto quiere decir que, en el nuevo sistema de representación de intereses a través de los soviets, habría de excluirse la participación de aquellos sectores sociales y económicos contra los que iba dirigida la dictadura del proletariado y cuya desaparición definitiva era necesaria para alcanzar el socialismo.

La Constitución quiso ser consecuente con este carácter de los soviets y estableció la exclusión del sufragio para elegir a sus diputados respecto de algunas categorías de ciudadanos, como los rentistas, los que empleaban mano de obra asalariada, los comerciantes privados, los monjes y sacerdotes y los agentes de la Policía zarista. El reconocimiento de los derechos políticos se limitaba en la Constitución a los que “se ganaban la vida produciendo o con un trabajo socialmente útil”. Dentro de estas clases trabajadoras se establecía, además, el reconocimiento del proletariado industrial y urbano como el sector rector de la sociedad soviética: para los congresos, los soviets de las ciudades elegirían un diputado cada 25.000 electores, mientras que los soviets rurales lo harían cada 125.000.

La Constitución recogió, asimismo, disposiciones cuya finalidad era procurar la unión de gobernantes y gobernados a través de la organización soviética. Entre ellas pueden mencionarse:

La elección de cada diputado de los soviets locales por un número muy pequeño de electores (1 cada 50-500 electores).
La corta duración del mandato de los diputados: un año en los soviets locales y lo que durasen las sesiones en los congresos de soviets.
La vinculación de los diputados a las instrucciones que recibiesen de sus electores.
El deber de rendir cuentas de la ejecución del mandato.
La posibilidad de que el mandato fuera revocado en cualquier momento por parte de los electores.
Con estas disposiciones adquirían por primera vez en la historia reconocimiento constitucional efectivo los derechos sociales y laborales y la democracia directa, expresión material de un acontecimiento único hasta ese momento: el surgimiento del primer Estado obrero y campesino de la historia.

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https://octubre1917.net/2017/02/23/constitucionalismo-2/