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domingo, 14 de mayo de 2017

Venezuela – Boli-burguesía: el chavismo y los negociados financieros

Chavismo y negociados financieros (o respuesta a mis críticos) Rolando Astarita https://rolandoastarita.wordpress.com/



Rolando Astarita
Publicado el 7 mayo, 2017 
En notas anteriores he planteado que en Venezuela la burocracia estatal, los mandos del Ejército y la llamada boli-burguesía se enriquecieron a manos llenas en los 2000. Esto me ha valido ser acusado de “pro-imperialista” y “pro-derecha” por defensores del chavismo. En respuesta a los insultos, en esta nota presento con algún detalle uno de los mecanismos empleados para saquear las arcas públicas, con algunas conclusiones.

El negociado con los bonos

El negociado con los bonos estructurados comenzó en 2003, cuando se estableció un tipo de cambio oficial controlado por el gobierno, a la par que siguió funcionando un mercado paralelo libre. En esos tiempos estaba al frente del ministerio de Finanzas Tobías Nóbrega. La estafa con los bonos comprendía tres pasos.

En primer lugar, se compraban bonos de Argentina, Ecuador, Venezuela, o Brasil. En muchos casos estos bonos se adquirían con fondos públicos; por ejemplo, del FONDEN. La compra de bonos se presentaba a la población como una contribución a la integración latinoamericana (al pasar, recordemos que Venezuela llegó a prestar a Argentina a una tasa del 15%).

En segundo término, el ministerio de Finanzas de Venezuela contrataba, sin licitación, a bancos internacionales para diseñar las llamadas “notas estructuradas”. Estas son notas que tienen como respaldo un pool de activos; en este caso, el respaldo eran los bonos comprados a Argentina, Ecuador, etcétera. En esta operación intervenían intermediarios que cobraban comisiones a los bancos para facilitarles los contactos con el gobierno. Los bonos estaban nominados en dólares, pero podían ser adquiridos con bolívares.

En tercer lugar, el ministerio de Finanzas vendía los bonos a bancos venezolanos u operadores cambiarios, también por adjudicaciones directas. Se decía que así se protegía a la banca mediana o pequeña, frente a los grandes bancos. Los bonos eran pagados al tipo de cambio oficial (por caso, 2150 bolívares por dólar en 2008), más una prima del 10% (o sea, el precio de compra en 2008 era 2365 bolívares). Esa prima era una ganancia que obtenía el Estado. La nota era depositada en una cuenta que el comprador tenía en el exterior; de esta manera se evitaban las restricciones cambiarias. A partir de ese momento el banco o el operador cambiario podían conservar la nota hasta su vencimiento cobrando intereses. Pero también, y esto parece haber sido más frecuente, podían venderla con un descuento a algún inversor en el mercado internacional, recibiendo a cambio dólares en efectivo. Luego los bancos vendían los dólares en el mercado paralelo a un precio muy superior del precio oficial (4200 bolívares por dólar en 2008). Esto es, habían pagado 2365 bolívares y vendían a 4200. Los dólares eran comprados por aquellos que no los podían adquirir en el mercado oficial debido a las restricciones del CADIVI. Muchos los compraban para importar: se calcula que entre 2008 y 2009 la mitad de las importaciones se realizaban mediante la compra de dólares en el mercado paralelo. Y también estaban los que simplemente deseaban fugar capitales al exterior; la fuga de capitales entre 2003 y 2012 habría alcanzado los 180.000 millones de dólares.

Según diversas estimaciones, se habrían colocado notas estructuradas por más de 10.000 millones de dólares, con una ganancia para los operadores de 1500 millones de dólares. Muchos bancos internacionales participaron del negocio estructurando las notas: Barclays Bank, Lehman Brothers, Calyon, Welstb AG, AB Svensk Expotkredit SEK, HSBC Bank USA, Credit Suisse, Deutsche Bank, Dresdner Bank, ING Bank, Morgan Stanley, Nomura Bank International, BNP Paribas y JP Morgan.

Estalla el escándalo, se preserva el régimen

El saqueo continuó en medio de crecientes denuncias, hasta que a fines de 2009 la estafa se hizo pública. Ante el estallido del escándalo, el chavismo reaccionó tomando a los bancos y operadores participantes en la maniobra como chivos emisarios. Entre 2009 y 2011 se intervinieron 22 bancos, entre ellos, Confederado, Bolívar, Bapro, Canarias, Baninvest, Real y Central; la mayoría eran relativamente pequeños. Hubo unos 20 banqueros detenidos y varios otros prófugos, buscados incluso por Interpol. Los delitos que se les imputaron fueron por distracción de fondos de los ahorristas, obtención fraudulenta de divisas y contrabando agravado. Unos 15 bancos fueron liquidados y se vieron afectados 1,8 millones de ahorristas.

Sin embargo, nunca se afectó la estructura estatal que fue el verdadero motor de la maniobra. Repito y subrayo lo planteado más arriba: es imposible sostener con alguna seriedad que una operatoria realizada durante años, que involucró miles de millones de dólares, en la que participaban decenas de personas, bancos internacionales y compras y ventas de títulos transfronteras, fuera desconocida por Chávez y el resto de la cúpula gobernante.

Es claro, además, que nadie puede argumentar que esta operatoria era ordenada por el imperialismo yanqui, a través de sus agentes encubiertos. La realidad es que en ella participaron auténticos venezolanos “anti-imperialistas”, empezando por la más alta cúpula del ministerio de Finanzas. Recordemos que al frente de este ministerio se sucedieron varios altos dirigentes chavistas y con todos ellos continuó la estafa. Por otra parte, el negocio demandaba complicidades de, por lo menos, el Banco Central de Venezuela, los fondos de desarrollo, los bancos estatales, las gobernaciones y los institutos públicos.

En cuanto a los “luchadores anti-imperialistas” que procuraban “profundizar el proceso revolucionario”, y hoy me acusan de “agente del imperialismo”, callaron y miraron para otro lado. Ninguno puso en discusión la naturaleza del Estado desde cuyas altas cumbres se realizaban los desfalcos. Lo cual no les impedía seguir discurseando sobre el supuesto “control popular” y el “poder popular” posibilitados por el gobierno de Chávez.

La naturaleza social del chavismo, dos casos ilustrativos

Todo lo anterior explica por qué prácticamente ninguno de los altos funcionarios que participaron en los negociados con los bonos estructurados tuviera mayores problemas. Apenas se rozó, y superficialmente, a unos pocos de los principales implicados, como fueron los casos de Rafael Isea y Alejandro Andrade, convertidos en chivos expiatorios. Digamos dos palabras sobre estos sujetos, porque sus trayectorias son ilustrativas acerca de la naturaleza social de la dirección chavista.

De formación militar, Isea fue uno de los fundadores del Movimiento V República, partido impulsado por Chávez a fines de los 1990. Luego fue viceministro de Finanzas, presidente del Banco de Desarrollo Económico y Social, y en 2008, ministro de Finanzas. Más tarde, entre 2008 y 2012 fue gobernador del estado de Aragua. En 2009 fue acusado por el diputado Ismael García por las maniobras con los bonos estructurados. A pesar de las denuncias, en 2013 el presidente Maduro nombró a Isea presidente del Banco de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba). Dos meses después, tras la investigación formal que se le inició por presuntos hechos de corrupción durante su gestión como gobernador de Aragua, Isea renunció a la Presidencia del Banco del Alba y desapareció de la escena política nacional. En septiembre de 2013 fue a Washington y pasó a ser testigo protegido de la DEA en acusaciones contra funcionarios chavistas. En 2015 le fueron incautadas tres quintas, dos apartamentos, un local comercial, vehículos, dos haciendas con más de mil cabezas de ganado, entre otros bienes. Pero Isea está en libertad en EEUU, gozando de un buen pasar.

Alejandro Andrade, también militar, fue ex secretario privado de Chávez, presidente de la Oficina del Tesoro entre 2007 y 2010, presidente del BANDES, viceministro de Gestión Financiera. En 2015 apareció involucrado en el escándalo Swissleaks junto al ministro de Economía y Finanzas, Rodolfo Marcos Torres, como depositarios de 12.000 millones de dólares a nombre del Banco del Tesoro y Tesorería Nacional. Andrade no fue mayormente importunado y hoy vive en Florida, Estados Unidos. Digamos también que Nóbrega fue acusado de corrupción e inhabilitado administrativamente en 2011. Pero la cosa no pasó de ahí y actualmente vive muy confortablemente en Portugal.

Así, de líderes de la construcción del socialismo “siglo XXI” a colaboradores de la DEA, estos desvergonzados saltimbanquis, cuyo único principio es la acumulación de riqueza, no tienen inconveniente en asumir cualquier ideología que les sirva de tapadera. Son la síntesis de la gigantesca estafa ideológica operada por el chavismo.

Una última consideración

Entre las críticas que me han dirigido, una de las más curiosas es la que dice que niego la lucha de clases como motor transformador de la sociedad. Para esta gente, entonces, los que hacían negociados con los bonos –así como los funcionarios chavistas que se enriquecen desde el Estado con los manejos del mercado cambiario, la especulación con alimentos y combustible, o administrando empresas estatizadas- serían activos partícipes de la lucha de clases… ¿por el socialismo? Y los que denunciamos toda forma de opresión capitalista o burocrática, abogaríamos por una transformación social sin luchas ni conflictos. ¿Qué lógica tiene todo esto? Imposible saberlo. Pero aunque el argumento es tonto, es ilustrativo del estado en que se encuentra una amplia franja de la izquierda que apostó a reconstruir el socialismo de la mano de burócratas, milicos y arribistas de la peor calaña.