lunes, 26 de junio de 2017

Declaración del PRT-Costa Rica sobre situación en Venezuela

¡NI CON MADURO NI CON LA MUD!
¡POR LA AUTODETERMINACIÓN  Y LA MOVILIZACIÓN INDEPENDIENTE DE LAS TRABAJADORAS Y LOS TRABAJADORES DE VENEZUELA!




PRT-COSTA RICA
lunes, 19 de junio de 2017
1.- La crisis de Venezuela no es el producto de una “conspiración” de la derecha latinoamericana y el imperialismo yanqui para desestabilizar este país y dar un golpe de estado para terminar con la profundización del proceso revolucionario que supuestamente impulsa el gobierno de Maduro, como nos lo quieren hacer creer todas las corrientes de izquierda proclives al colaboracionismo de clases, incluso dentro de las filas del movimiento trotskista internacional (con grupos nacional-trotskistas como el POS costarricense defendiendo también a capa y espada a Maduro).

2.- El PRT denuncia firmemente la injerencia imperialista desde la OEA, las presiones de Washington y el respaldo de la derecha latinoamericana a la oposición burguesa en Venezuela, pero no se deja llevar por la fantasía de los colaboracionistas de clases que le capitulan a Maduro.

3.- El chavismo fue un reflejo distorsionado del “Caracazo”, del levantamiento de masas que conmocionó la sociedad venezolana en febrero de 1989, haciendo entrar en crisis al régimen democrático-burgués que emergió a la caída de la dictadura de Pérez Jiménez en 1958, sustentado en el pacto de alternabilidad en el poder entre las fracciones burguesas agrupadas en Acción Democrática y el Copei (régimen conocido como del “puntofijismo”). La miseria creciente de las masas venezolanas ponía en evidencia que la acumulación capitalista en Venezuela funcionaba a través del robo descarado de los ingresos que recibía el Estado provenientes de la renta petrolera y que la estructura productiva del país (con predominio del latifundio y falta de inversión en el sector manufacturero) ahogaba el mercado nacional.

Fracasado su intento de golpe de estado en 1992, Chávez accede al poder en las elecciones del 98, dándole expresión a un proyecto de desarrollo capitalista nacional, impulsado por mandos militares, sectores reformistas de la izquierda y empresarios medios. El eje de su programa era propiciar una renegociación a favor de Venezuela de la renta petrolera y una redistribución a lo interno de la misma, para hacer concesiones al movimiento de masas que le permitieran capitalizar el apoyo del mismo al proyecto chavista y, por otro lado, financiar la modernización y diversificación del aparato productivo nacional.

4. El inmenso apoyo popular con el que sube Chávez al poder, le permiten reformar la constitución y moldear un tipo de régimen que en la teoría marxista ha pasado a ser conocido como “bonapartista sui-generis”.

Exilado en el México de Cárdenas, el único gobierno burgués en el Planeta que en un acto de independencia se atrevió a darle asilo, Trotski se aproximó a la historia latinoamericana y fue testigo de la nacionalización petrolera en el México de Cárdenas. Su reflexión al respecto aporta un instrumental teórico importantísimo para entender la naturaleza burguesa del chavismo y los límites que esto determina.

“En los países industrialmente retrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de su burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui-generis, de índole particular. Se eleva, por decirlo así, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros”. (León Trotsky, La industria nacionalizada y la administración obrera, 1939).

El bonapartismo sui-generis de Chávez, más allá de la demagogia nacionalista y socializante con la que trató de cuadrar detrás suyo a las masas venezolanas (el discursito del socialismo del siglo XXI) va a tener límites “antimperialistas” predeterminados, que le permitieron establecer una relación relativamente poco conflictiva con el imperialismo norteamericano: Chávez heredó el petróleo venezolano nacionalizado desde el 1º de enero de 1976 por el gobierno de  Carlos Andrés Pérez. Bush y Clinton aguantaron las peores chanzas de Chávez porque el abastecimiento estaba asegurado y las pocas nacionalizaciones que hizo el chavismo, de empresas en problemas, fueron muy bien pagadas.

La comparación con la actuación de Cárdenas es interesante también desde este ángulo porque el conflicto se dio con el capital inglés (en decadencia) y Washington (que era autosuficiente en materia petrolera en esa época) se limitó a presionar para lograr que a Cárdenas lo sucediera un gobierno de la corriente más de derecha dentro del PRI: el de Ávila Camacho, que conformará los rasgos antidemocráticos y represivos del estado mexicano actual.

Para ilustrar lo que queremos decir, salvando las enormes distancias que existen de todo tipo, a casi cuatro décadas del estallido de la revolución iraní, Washington no perdona la expropiación del petróleo en este país y por más esfuerzos que hacen los sucesores del Ayatollah Khomeini para conciliar con los Estados Unidos este país sigue siendo considerado una amenaza a la seguridad global del imperialismo yankee.


5. Lo anterior no significa que subestimemos la gravedad de las coyunturas en que la burguesía venezolana intentó deshacerse de Chávez por la vía golpista: el intento de abril del 2002 y el lockout patronal de diciembre-enero del 2003. El hecho es, sin embargo, que aunque en estos momentos se generó mayor tensión con el imperialismo yanqui y europeo, éstos no volcaron todo su peso para provocar la caída de Chávez. Incluso ahora, cada vez hay más señales, de que Washington se inclina a una salida negociada que evite que la fractura del chavismo se convierta en una fractura de los mandos militares y la posibilidad de un curso de guerra civil (en la OEA se ha congelado el proceso para una condena de Venezuela y el Vaticano, que nunca ha dejado de intervenir, ha vuelto a maniobrar abiertamente).

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