EL SOCIALISTA 389

jueves, 10 de agosto de 2017

REFORMA O REVOLUCIÓN



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Rosa Luxemburgo
Obras escogidas
Reforma o Revolución es la primera gran obra política de Rosa Luxemburgo y una de las que más perduran. Ella misma la consideró con acierto la obra que le ganaría el reconocimiento político en el Partido Social Demócrata Alemán, y obligaría a la “vieja guardia” a considerarla una verdadera dirigente política, a pesar de que era veinteañera, extranjera y mujer.

Rosa abandonó Suiza, donde acababa de obtener el doctorado, y se trasladó a Berlín en mayo de 1898. Inmediatamente se vio envuelta en la pugna en torno al revisionismo en el PSD.

De 1897 a 1898 Eduard Bernstein publicó una serie de artículos en Neue Zeit, órgano teórico del PSD, en los que trató de refutar las premisas básicas del socialismo científico, fundamentalmente la afirmación marxista de que el capitalismo lleva en su seno los gérmenes de su propia destrucción, y que no puede mantenerse para siempre.

Negó la concepción materialista de la historia, la creciente agudeza de las contradicciones capitalistas y la teoría de la lucha de clases. Llegó a la conclusión de que la revolución era innecesaria, que se podía llegar al socialismo mediante la reforma gradual del sistema capitalista, a través de mecanismos tales como las cooperativas de consumo, los sindicatos y la extensión gradual de la democracia política.

El PSD -dijo- debe transformarse de partido para la revolución social en partido para la reforma social. Posteriormente sus ideas adquirieron una forma más elaborada en su libro Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie (Las premisas para el socialismo y las tareas de la socialdemocracia).

Cuando comenzaron a aparecer los artículos de Bernstein, la dirección del PSD tomó la controversia a la ligera. Bernstein era amigo íntimo de toda la dirección partidaria: August Bebel, Karl Kautsky, Wilhelm Liebknecht, Ignaz Auer y otros. Era uno de los albaceas literarios de Engels y ex director de uno de los periódicos socialdemócratas. Kautsky, director del Neue Zeit, aceptó de buen grado la publicación de los artículos. La actitud de uno de los periódicos socialdemócratas, el Leipziger Volkszeitung, fue altamente sintomática: “Observaciones interesantes que, de todas maneras, culminan en una conclusión falsa; algo que siempre puede ocurrir, sobre todo a personas inquietas y de espíritu crítico; no es más que eso”.

Aunque lo negó ruidosamente, los escritos de Bernstein intentaban por primera vez dar una justificación teórica sistemática a aquellas corrientes del PSD que en la práctica repudiaban el marxismo revolucionario, es decir, la base, de su programa. Pero no estaba solo, por cierto. Contaba con muchos partidarios entre los intelectuales socialistas, los gremialistas y los alemanes del sud. [Sumamente significativa era la posición sostenida por estos últimos. El PSD había sido fundado en 1875 e ilegalizado en 1878. A pesar de su status ilegal, creció rápidamente y, cuando se derogaron las leyes antisocialistas en 1890, el partido surgió como una importante fuerza política legal, con un bloque fuerte en el Reichstag federal y en varias legislaturas provinciales. Bajo su dirección se construyó un poderoso movimiento sindical. En la Internacional el PSD era sin duda el “gran” partido, el modelo para toda la Internacional.

Pero la corriente reformista de la que Bernstein sería el teórico comenzó a desarrollarse tempranamente. Durante la etapa prolongada de paz y la relativa prosperidad europea de fines de siglo, encontró terreno fértil para crecer. Una de sus primeras manifestaciones fue la política del “particularismo sudalemán”.

La política oficial del PSD de “ni un hombre, ni un centavo para este sistema” se traducía en el accionar legislativo, a nivel federal, en el rechazo incondicional de todo presupuesto, ya que los gravámenes sobre los obreros y campesinos servían para mantener la tiranía del estado capitalista alemán y las cortes, la policía y el ejército de la clase dominante.

Pero ya en 1891 los diputados socialdemócratas de Württemberg, Bavaria y Baden, argumentando las condiciones especiales que imperaban en el sur de Alemania, votaron a favor de los presupuestos provinciales, con el pretexto de que, puesto que sus votos eran a menudo decisivos, podían utilizar su peso político para obtener de la burguesía concesiones y un presupuesto “mejor” para mantener el capitalismo. Aunque esta práctica era ampliamente repudiada en el PSD, se mantuvo el mito del particularismo sureño, y varias mociones tendientes a prohibirles a los diputados del PSD que votaran a favor de cualquier presupuesto, federal, provincial o comunal, fueron derrotadas en los congresos nacionales de 1894 y 1895. (Después del congreso de 1894 el propio Engels envió una carta a Liebknecht, fechada el 27 de noviembre de 1894, en la que criticaba severamente la actitud del dirigente provincial del sur Georg Von Vollmar y protestaba contra ésta.)

Estas tendencias derechistas en el seno del PSD, decididas a reformar el capitalismo, constituían la base más firme para las teorías de Bernstein.

Cuando llegó Rosa Luxemburgo la batalla apenas despuntaba. Mientras que la mayoría del ejecutivo discrepaba con Bernstein, actuaba como si esperara que la controversia se liquidara sola de algún modo. Karl Kautsky, principal teórico del PSD, adujo su falta de tiempo y su gran amistad con Bernstein para no polemizar. Ninguno de los periódicos partidarios contestaba sistemáticamente a las teorías de Bernstein, con la excepción del Sächsische Arbeiterzeitung en que Parvus, emigrado ruso y director del periódico, hacía una critica implacable.

Rosa Luxemburgo entró en escena con los artículos reproducidos aquí. La primera parte apareció en el Leipziger Volkszeitung de septiembre de 1898. En abril de 1899 publicó un segundo artículo en respuesta a Die Voraussetzungen... Los dos artículos aparecieron bajo el título de Reforma o Revolución en 1900. La segunda edición apareció en 1908. Esta traducción sigue la versión inglesa de Integer.

La discusión prosiguió en el seno del partido y de la Segunda Internacional durante algunos años. Al principio el ejecutivo del PSD alentó la discusión teórica, manteniendo una posición ambivalente, pero no era posible ignorar por mucho tiempo las consecuencias prácticas del hecho de que Bernstein abandonara la perspectiva revolucionaria. Los dirigentes alemanes e internacionales entraron, uno tras otro, en la lucha contra el revisionismo. La polémica se extendió a toda la Internacional.

En los congresos del partido de 1901 y 1903, y en el congreso internacional de 1904, se aprobaron resoluciones de repudio a la base teórica del revisionismo. Sin embargo, Bernstein, Vollmar y otros teóricos del revisionismo permanecieron en el PSD; y en qué medida el triunfo sobre el revisionismo resultó ser una victoria sin contenido, inclusive en esa fecha, lo demuestra el hecho de que el propio Bernstein, que no había cambiado su parecer, votó a favor de dichas resoluciones.

Como dijo Ignaz Auer, secretario del PSD, en carta a Bernstein, “Mi querido Ede, uno no toma formalmente la decisión de hacer las cosas que tú sugieres, uno no dice esas cosas, simplemente las hace”.

La mayoría del PSD siguió inconscientemente la fórmula de Auer, como se demostró quince años después, cuando el partido votó formalmente el apoyo al gobierno imperialista en la Primera Guerra Mundial, una traición de los principios más elementales del internacionalismo proletario y el marxismo revolucionario. [Como dijo Rosa Luxemburgo, la controversia con Bernstein pone sobre el tapete “la existencia misma del movimiento socialdemócrata”.

El hecho de que ella fue la primera en advertirlo y dar la alarma le asegura un sitio permanente en el cuadro de honor revolucionario, aunque jamás hubiera hecho otra cosa de importancia.

Introducción de la autora
A primera vista, el título de esta obra puede provocar sorpresa. ¿Es posible que la socialdemocracia se oponga a las reformas? ¿Podemos contraponer la revolución social, la transformación del orden imperante, nuestro objetivo final, a la reforma social? 

De ninguna manera. La lucha cotidiana por las reformas, por el mejoramiento de la situación de los obreros en el marco del orden social imperante y por instituciones democráticas ofrece a la socialdemocracia el único medio de participar en la lucha de la clase obrera y de empeñarse en el sentido de su objetivo final: la conquista del poder político y la supresión del trabajo asalariado. 

Entre la reforma social y la revolución existe, para la socialdemocracia, un vínculo indisoluble. La lucha por reformas es el medio; la revolución social, el fin.

Es en la teoría de Eduard Bernstein, expuesta en sus artículos acerca de “problemas del socialismo”, Neue Zeit 1897-1898, y en su libro Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie [Las premisas para el socialismo y las tareas de la Socialdemocracia] que encontramos por primera vez la oposición de ambos factores en el movimiento obrero.

Su teoría tiende a aconsejarnos que renunciemos a la transformación social, objetivo final de la socialdemocracia, y hagamos de la reforma social, el medio de la lucha de clases, su fin último.

El propio Bernstein lo ha dicho claramente y en su estilo habitual: “El objetivo final, sea cual fuere, es nada; el movimiento es todo”.

Pero puesto que el objetivo final del socialismo es el único factor decisivo que distingue al movimiento socialdemócrata de la democracia y el radicalismo burgueses, el único factor que transforma la movilización obrera de conjunto de vano esfuerzo por reformar el orden capitalista en lucha de clases contra ese orden, para suprimir ese orden, la pregunta “reforma o revolución”, tal como la plantea Bernstein es, para la socialdemocracia, el “ser o no ser”.

En la controversia con Bernstein y sus correligionarios, todo el partido debe comprender claramente que no se trata de tal o cual método de lucha, del empleo de tal o cual táctica, sino de la existencia misma del movimiento socialdemócrata.

Un vistazo superficial a la teoría de Bernstein puede provocar la impresión de que todo esto es una exageración. ¿Acaso él no menciona continuamente a la socialdemocracia y sus objetivos? ¿Acaso pierde ocasión de repetir, en lenguaje muy explícito, que él también lucha por el objetivo final del socialismo, pero de otra manera? ¿Acaso no destaca especialmente que aprueba en todo el accionar actual de la socialdemocracia?

No cabe duda de que sí. También es cierto que todo movimiento nuevo, cuando empieza a formular su teoría y política, parte de apoyarse en el movimiento precedente, aunque se encuentre en contradicción directa con el mismo. Comienza adaptándose a las formas que tiene más a mano y hablando el idioma utilizado hasta entonces. A su tiempo, el nuevo grano sale de la vieja vaina. El nuevo movimiento encuentra sus propias formas y lenguaje.

Esperar que una oposición al socialismo científico exprese desde el comienzo con toda claridad, íntegramente y hasta sus últimas consecuencias su verdadero contenido; esperar que niegue abierta y categóricamente el fundamento teórico de la socialdemocracia: esto equivale a subestimar el poder del socialismo científico.

Quien desee hacerse pasar por socialista y, a la vez, declarar la guerra contra la doctrina marxista, el producto más extraordinario de la mente humana de este siglo, debe partir de una estima involuntaria por Marx.

Debe reconocerse discípulo suyo, buscando en las enseñanzas de Marx los puntos de apoyo para lanzar un ataque contra éste, a la vez que califica a su ataque de desarrollo de la doctrina marxista. Por ello debemos desechar las formas externas de la teoría de Bernstein, para llegar al meollo que esconden.

Se trata de una necesidad apremiante para las amplias capas del proletariado industrial que militan en nuestro partido.

No se puede arrojar contra los obreros insulto más grosero ni calumnia más indigna que la frase “las polémicas teóricas son sólo para los académicos”.

Hace un tiempo Lassalle dijo: “Recién cuando la ciencia y los obreros, polos opuestos de la sociedad, se aúnen, aplastarán en sus brazos de acero todo obstáculo hacia la cultura”.

Toda la fuerza del movimiento obrero moderno descansa sobre el conocimiento científico.

Pero en este caso particular este conocimiento es doblemente importante para los obreros, porque lo que está en juego aquí son los obreros y su influencia en el partido. Es su pellejo lo que está en juego.

La teoría oportunista del partido, la teoría formulada por Bernstein, no es sino el intento inconsciente de garantizar la supremacía de los elementos pequeñoburgueses que han ingresado al partido, de torcer el rumbo de la política y objetivos de nuestro partido en esa dirección. El problema de reforma o revolución, de objetivo final y movimiento es, fundamentalmente, bajo otra forma, el problema del carácter pequeñoburgués o proletario del movimiento obrero.

Interesa, por tanto, a la masa proletaria del partido, conocer, activa y detalladamente, la actual polémica teórica con el oportunismo. Mientras el conocimiento teórico siga siendo el privilegio de un puñado de “académicos” en nuestro partido, éstos corren el peligro de desviarse. Recién cuando la gran masa de obreros tome en sus manos las armas afiladas del socialismo científico, todas las tendencias pequeñoburguesas, las corrientes oportunistas, serán liquidadas. El movimiento se encontrará sobre terreno firme y seguro. “La cantidad lo hará.”

Berlín, 18 de abril de 1899

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https://www.marxists.org/espanol/luxem/01Reformaorevolucion_0.pdf