miércoles, 7 de marzo de 2018

Niñas y niños Trans en el mundo escolar

La percepción de hostilidad social hoy en día es muy alta, y no es infrecuente la existencia de actitudes transfóbicas ejercidas por personas que tienen liderazgo en el mundo social y político.



IBEROAMÉRICA SOCIAL
M. ELENA MÉNDEZ
5 MARZO, 2018
El término “trans”1 es una denominación general que hace referencia a personas cuya identidad de género difiere o no se corresponde con el sexo asignado desde el nacimiento. A lo largo de la historia las personas Trans han estado desprotegidas frente a la incomprensión social y la violencia. Viven el rechazo desde la niñez y comienzan a interactuar con las distintas instituciones sociales -entre ellas las educativas- que como reflejo de las creencias de la cultura, han concebido rígidamente los roles sociales, y la identidad de género como resultantes de las características de sexo biológico.

A la par que se conoce públicamente el trabajo comprometido de personas Trans en la búsqueda de sus derechos, ha surgido un clima de transfobia, proveniente de grupos desinformados y voces relacionadas con grupos religiosos y círculos conservadores, los que se han ido radicalizando en la medida que quienes empiezan a visibilizar su lucha por el reconocimiento de derechos son menores de edad. El fanatismo cuestiona el proceder de alguna familia que decide apoyar a un hijo, desconoce la validez de los estudios científicos y rechaza la defensa de derechos de personas Trans. Y en esta disputa por demostrar que poseen la verdad, estos grupos olvidan que está en juego la salud mental, la vida de niños y niñas.

Para las personas Trans existe un momento en que deciden desenvolverse como personas del género con el que se identifican y sienten internamente, y esta transición comienza desde lo social, y puede llegar a ser también legal y médica. Varios estudios señalan que cuando a los niños/as no se les permite realizar una transición social, sienten que se les está juzgando y rechazando. La crítica verbal y la hostilidad recibida puede llegar a la estigmatización y a un mayor compromiso psicológico, experimentando altos niveles de ansiedad o incluso puede conducir a la depresión y a conductas suicidas2.

En el medio social, existe negación acerca de la diversidad de género de la primera infancia y lamentablemente el prejuicio y el rechazo han permeado también al medio escolar, en donde surgen voces desde distintos estamentos, madres o padres cuya discusión se centra en una errada idea de proteger a sus hijos/as de supuestas influencias negativas que pudiera ejercer una persona Trans en el resto de los estudiantes.

En el medio escolar las niñas y niños Trans representan un desafío a los esquemas tradicionales sobre desarrollo psicológico, y a la idea de escuela como una institución de acatamiento de normas, por parte de una familia obediente, con infantes disciplinables.  El resultado de estas suposiciones e ideas, crea un clima que obstaculiza el desarrollo  de una vida escolar beneficiosa y digna, como la que merece todo niño/a.

No obstante las experiencias negativas del pasado, hoy en día el mundo escolar puede llegar a ser un agente protector frente a la marginación, en tanto dote a cada estudiante de herramientas y le otorgue oportunidades  de sentirse feliz consigo mismo/a. Para quienes  viven el rechazo social o de una parte de su familia, la escuela puede transformarse en un refugio, quizá el único espacio de su infancia en que haya recibido un trato respetuoso, y al cual rememorar en la adultez como fuente de abastecimiento emocional. La escuela es para niñas y niños un  lugar que entrega oportunidades de desarrollo del talento y de promoción y movilidad social. La permanencia en el medio educativo entrega recursos para una mejor inserción al mundo del trabajo y prevención de llegar a situaciones de riesgo y pobreza. Pero también en la escuela se reproduce el mundo social con sus defectos y virtudes, ya que es un espacio de ensayo de roles sociales. Por ello debe cuidarse como un recurso valioso de la comunidad, ofreciendo oportunidades de reflexión y actualización de conocimientos que permitan superar los esquemas del prejuicio y del odio.

En el espíritu de promover el medio escolar como lugar de protección de los derechos de niñas y niños, el Ministerio de Educación de Chile (MINEDUC)  y  la Superintendencia de Educación han presentado las “Orientaciones para resguardar el derecho a la educación de niñas, niños y jóvenes LGTBI”3 4  y la “Circular de Derechos de niñas, niños y jóvenes Trans en el ámbito de la educación”5. La elaboración de estos documentos ha sido el resultado del trabajo con representantes de  agrupaciones Trans y organizaciones de la diversidad sexual6, junto al Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y la Organización de Naciones Unidas, representada por UNESCO.

Estos instrumentos buscan asegurar el derecho a la educación de las y los estudiantes, desde el acceso a ésta como durante la trayectoria educativa, fundando espacios físicos y sociales seguros y respetuosos de su dignidad. Estas orientaciones establecen que desde la Dirección, plana docente y sostenedores/as del establecimiento educativo, existirá obligación de respetar los derechos del alumnado, tomando las medidas que garanticen sus derechos contra toda forma de discriminación, prejuicios, negligencia, abuso físico y mental y vulneración de su intimidad y privacidad.

Como base a estas normativas el sistema educativo chileno se inspira en principios orientadores, uno de los cuales es la Dignidad del Ser humano como atributo de todas las personas sin excepción, así como el interés superior del niño, niña y adolescente que garantice el ejercicio de sus derechos, la no discriminación arbitraria y la promoción de la buena convivencia escolar.  La actual reglamentación hace especial hincapié en la adopción de medidas de apoyo, como la utilización de lenguaje inclusivo, capacitación y orientación a la comunidad educativa respecto de temas relacionados con la diversidad, el desarrollo infantil y la adolescencia.

Respecto de temas más específicos, como el uso del nombre, se señala que las personas Trans mantendrán su nombre legal en la documentación escolar oficial en tanto no se produzca el cambio en la partida de nacimiento. No obstante esto, se utilizará el nombre social en todos los espacios escolares, a solicitud de padres, madres, o quienes ejerzan la tutoría legal, o a petición del alumno/a si ha cumplido la mayoría de edad. Este nombre podrá ser utilizado en los listados públicos, comunicaciones, diplomas u otro tipo de informes escolares o de personalidad. También tendrá derecho a utilizar el uniforme o ropa escolar que considere más adecuada a su identidad de género, independientemente de la situación legal en que se encuentre. Igualmente se indica que los colegios deberán realizar las adecuaciones necesarias para el uso de servicios higiénicos y duchas, resguardando la privacidad e integridad moral.

La tarea de toda persona relacionada a la educación será entonces, apoyar, proteger al alumnado de las amenazas de rechazo y de las experiencias hostiles, destacando la labor docente, que posee una influencia significativa para la formación de los y las estudiantes.

La percepción de hostilidad social hoy en día es muy alta, y no es infrecuente la existencia de actitudes transfóbicas ejercidas por personas que tienen liderazgo en el mundo social y político, cuyas acciones van creando una ilusión de permisividad que multiplica las oportunidades para conductas intolerantes y para los delitos de odio. A través del mundo educativo la sociedad se encuentra hoy frente a una oportunidad única de intervenir positivamente en el desarrollo de las niñas y niños Trans, influyendo en la visión de la comunidad escolar y en la percepción que cada persona tiene acerca de sí misma. Así, ante la transfobia e ideologías de odio, la escuela llegaría a significar ese lugar protector donde niñas y niños encontrarían la aceptación de su ser auténtico.

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